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La Provincia Locales

Apropiación cultural y cómo se desvirtuaron canciones por el discurso de poder en el "recital" de Milei

Por Raúl Gómez, periodista y productor audiovisual.

 

La apropiación cultural desde el poder

Cuando abordamos el concepto de apropiación cultural, lo llevamos desde el punto de vista del uso de un cierto poder ante el discurso de origen (específicamente cuando una cultura dominante se apropia de los códigos estéticos de una cultura dominada), que no tiene que ver tan solo con la asimetría, sino con el manejo simbólico para el beneficio de aquel que ostenta el mando, o se siente con la facultad de manipular este cúmulo de creencias, cultura, sentires de un espacio, tribu o, para adentrarnos en la temática, un grupo de música o un cantautor.

 

El caso del "recital" presidencial

En este espacio, desandaremos algo que se llevó delante en la presentación del libro "La construcción del milagro" con el "recital" que brindó el presidente de la Nación, Javier Milei, y el uso de canciones que no tan solo las interpretó como Javier devenido a rockstar —siendo también jefe de Estado—, sino el cambio de letras en donde dejó manifestada su postura ideológica y partidaria en canciones que aparte que no le son propias (sin ánimos de incurrir al hecho de que una canción popular es cuando su autor se convierte en desconocido, tal y como manifestaba Atahualpa Yupanqui) se tergiversan inclusive su raíz de creación y lo que significaba en su origen o impronta que le dio su autor.

Es clave remarcar que las hinchadas de fútbol también usan melodías y canciones muy reconocidas para hacer los cánticos de aliento. Pero en ese caso lo popular se trasmuta y vuelve como un signo nuevo, sin ánimos de aplastar una obra consolidada.

 

Lo que nos dejó

La grilla de canciones que interpretó Milei en el Movistar Arena fueron:

-Panic Show (La Renga)

-Demoliendo hoteles (Charly García)

-Rock del gato (Ratones Paranoicos)

-Blues del equipaje (La Mississipi)

-No me arrepiento de este amor (versión de Attaque 77)

-Dame el fuego de tu amor (Sandro)

-Hava Nagila (canción tradicional judía)

-Libre (Nino Bravo)

-Tu vicio (Charly García), con la letra cambiada a "Yo soy un liberal"

Ahora, el hecho del recital, que desde diferentes medios y periodistas remarcaron, no fue el momento, la situación y que hasta sería una provocación al sector del pueblo que no la está pasando muy bien, sumándose a todo lo que el oficialismo transita, entre causas de corrupción y vínculos con el narcotráfico.

Por ello elegiré una sola pieza, la que abrió esta especie de interpretación de Milei y su "banda presidencial" (nombre adjudicado por él mismo), donde hubo dos diputados provinciales, un candidato a senador por Entre Ríos y un periodista, entre otros, que tocaron "Demoliendo hoteles", de Charly García.

El tema dice: "Yo que crecí con Videla. Yo que nací sin poder. Yo que luché por la libertad. Pero nunca la pude tener…". Es un claro manifiesto de postura, de identidad y de sentido de pertenencia hacia un sentimiento y repudio hacia un sector que propició años de infamia. Casualmente, el "Javo", no entonó el primer verso del tema, claro, no había entrado en tempo (¿?).

El tema continúa: "Yo que viví entre fachistas. Yo que morí en el altar. Yo que nací con los que estaban bien. Pero a la noche estaba todo mal". Y en el comienzo de esta misma, remarca cómo piensa y siente Charly, para que sea cantada por la "banda presidencial" en un Movistar Arena, con gente que de seguro coreó un tema que no lo siente propio, y poco comulga con este discurso, más allá de la popularidad y trascendencia del mismo.

Y al último, el agregado del presidente rockstar al finalizar el estribillo luego del "Mientras los chicos allá en la esquina pegan carteles", le agregó "de la libertad avanza", lo que confirma lo que "nunca pudo tener", tal como dice este temazo de Carlos García Moreno, el discernimiento, o mejor dicho, perspicacia que lo que promulga muy lejos está de lo que quiso manifestar Charly.

Poder y tergiversación

Y en este punto, volvemos a la apropiación cultural y cómo un discurso de poder (y de odio) toma como suyo otro para tergiversar y hacer uso y desuso a favor de este mismo poderío, que deglute algo que nunca lo representaría. En última instancia, lo que presenciamos no es un acto artístico de reinterpretación, ni siquiera una simple parodia, sino una demostración descarnada de un poder que cree tener el derecho de reescribir la historia, la identidad y el sentido. La música, no obstante, es una forma de memoria popular, y la memoria no se 'demuele' con un sencillo cambio de tempo o una consigna partidaria.

El verdadero poder de una canción reside en su autor y en el sentimiento original con que fue entregada al pueblo. El discurso del poder podrá forzar la garganta, pero nunca podrá cambiar el corazón de la obra ni el de quienes la sienten genuinamente. La apropiación cultural, cuando es ejercida desde la cúspide, no hace más que confirmar su propia fragilidad y su profunda incomprensión de lo que verdaderamente significa la cultura: el legado innegociable de la sensibilidad humana.

Javier Milei Recital
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