La interna en la cúpula del poder nacional alcanzó un nuevo punto de no retorno. Desde la Casa Rosada calificaron como un "papelón" la decisión de la vicepresidenta Victoria Villarruel de no asistir a la misa oficial en la Basílica de Luján por el primer año del fallecimiento del Papa Francisco. A pesar de haber confirmado su presencia, la titular del Senado faltó a la cita y lanzó duras críticas contra sus propios compañeros de gestión.
Mientras el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el ministro Diego Santilli y el titular de Diputados, Martín Menem, compartían la ceremonia con referentes opositores como Axel Kicillof y Eduardo de Pedro, Villarruel optó por una misa paralela en el barrio porteño de Almagro. Desde allí, la vicepresidenta justificó su desplante al asegurar que no participa de eventos donde se encuentra "lo peor de la casta política", en una clara alusión a los funcionarios presentes en Luján.
Duras críticas desde el entorno presidencial
La ausencia de Villarruel generó una reacción inmediata en el núcleo duro de La Libertad Avanza. En el entorno de Javier Milei consideran que la actitud de la vicepresidenta es un intento de enviar un "mensaje mediático" para diferenciarse del Gobierno. Este nuevo roce se suma al malestar que ya existía por la inasistencia de la funcionaria a la firma del Pacto de Mayo, donde alegó una enfermedad que el propio Presidente puso en duda públicamente.
El malestar de Milei con su compañera de fórmula es explícito. El mandatario recordó recientemente que Villarruel "se empezó a juntar con gente verdaderamente complicada" y cuestionó su comportamiento desde que ambos ingresaron al Congreso. El tributo rendido por la vicepresidenta a Isabel Perón en la Cámara Alta terminó de dinamitar la confianza del Presidente, quien ironizó sobre las supuestas dolencias de Villarruel que desaparecen convenientemente de un día para el otro.
Una grieta que no deja de crecer
Villarruel sostiene su postura de "coherencia con sus creencias" y afirma que prefiere estar "con la gente" antes que con la política tradicional. Sin embargo, para la Casa Rosada, su negativa a compartir espacio con el gabinete nacional en actos oficiales representa un quiebre institucional que debilita la imagen de unidad del oficialismo. La tensión escala mientras ambos sectores se acusan mutuamente de pactar con "la casta", dejando a la administración nacional dividida en dos bloques irreconciliables.