A 52 años de la muerte de Juan Domingo Perón, su último período de gobierno continúa siendo analizado como una etapa clave de la historia política argentina, marcada por fuertes tensiones internas, dificultades económicas y un progresivo deterioro de su salud.
Perón asumió su tercera presidencia el 12 de octubre de 1973 junto a María Estela Martínez de Perón, en un contexto de regreso del peronismo al poder tras años de proscripción y exilio del líder. Su llegada se dio luego de la breve gestión de Héctor Cámpora, quien renunció para habilitar nuevas elecciones que consagraron la fórmula Perón–Perón.
Durante ese período, el país atravesaba una profunda conflictividad política. Dentro del propio movimiento convivían sectores enfrentados, mientras que en el plano económico se intentaban implementar medidas de estabilización como el Pacto Social, impulsado por su ministro José Ber Gelbard.
En paralelo, la salud del mandatario se fue deteriorando de manera progresiva, con complicaciones cardíacas, renales e infecciones respiratorias que lo obligaron a reducir su actividad pública y delegar funciones en su entorno más cercano.
El 1 de julio de 1974 se confirmó oficialmente su fallecimiento en la residencia de Olivos, lo que generó una profunda conmoción en todo el país y dio inicio a un duelo nacional.
Su cuerpo fue velado en distintos puntos, entre ellos la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana y el Congreso de la Nación, donde miles de personas lo despidieron durante casi dos días. La noticia tuvo repercusión internacional, con mensajes de condolencia de líderes como Richard Nixon y Fidel Castro, entre otros.
Su muerte marcó el final de una etapa política decisiva y abrió un período de inestabilidad institucional que derivaría, años más tarde, en uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina.