"Te voy a matar", fue la cruel advertencia que Ramón César Jiménez, de 36 años, hacía a su concubina cada vez que tenían una discusión. María Amanda Chazarreta, de 30 años, nunca pensó que esa horrenda amenaza se convertiría un día en realidad.
Cerca de las tres de la madrugada del pasado viernes, María, una ama de casa y madre de tres menores de 13, 8 y 6 años, tuvo una nueva discusión con su pareja. La pelea habría surgido después de que la hija mayor de María decidiera irse a dormir a la casa de un familiar cercano. Ramón, conocido como "Picadillo", reaccionó de manera violenta en dos ocasiones. Alrededor de las diez de la noche, la Policía tuvo que intervenir debido a la denuncia de los vecinos. Aparentemente se tranquilizaron ante la presencia policial y prometieron "no pelear de nuevo". Sin embargo, en la madrugada los ánimos se encendieron una vez más.
Comenzaron una nueva discusión en la habitación, creyendo que nadie podía oírlos o verlos. El hijo de 8 años de la pareja fue el testigo presencial de este incidente doméstico. Fuera de control, Ramón empezó a golpear a María. Ella intentó defenderse forcejeando con él.
En ese momento, Ramón se dirigió a la cocina y tomó un cuchillo de grandes dimensiones con el que comenzó a amenazarla de muerte. Tras un forcejeo, el agresor arrojó a María a la cama y se abalanzó sobre ella, advirtiéndole que "la mataría".
María luchó por su vida mientras Ramón le hacía cortes en los brazos y el pecho. Como en una cruel tortura, ella intentó resistir y pidió auxilio mientras se desangraba. Sin embargo, sus gritos de socorro fueron cruel y despiadadamente silenciados por su verdugo.
Ramón, cegado por los celos y acusando a María de una supuesta infidelidad, la atacó sin piedad. No le importó que sus hijos estuvieran en la habitación contigua. Sin mostrar remordimiento alguno, le asestó un total de doce cuchilladas de diversas profundidades en el cuerpo.
Le propinó dos puñaladas penetrantes en el abdomen que perforaron órganos vitales. María, que había arañado y golpeado a Ramón tratando de liberarse, dejó de luchar. No hizo más esfuerzos por evitar que la matara. Su cuerpo quedó completamente ensangrentado sobre la cama. Ramón, por su parte, se detuvo al instante, observó el cuerpo de su compañera y esperó a que amaneciera.
A las siete de la mañana, huyó de la casa. Dejó el cuchillo con el que había segado la vida de María en la puerta principal y desapareció. Los hijos de la fallecida alertaron a los vecinos sobre el horror. Un tío paterno de los menores llegó a la propiedad, descubrió la trágica escena y llamó a la Policía. Cuando los agentes llegaron, María llevaba aproximadamente cinco horas muerta. Su cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para realizar la autopsia correspondiente.
Cerca de las 14:30 del mismo viernes, a unos escasos 50 metros de la casa donde se produjo el femicidio, encontraron a Ramón ahorcado con una soga. Su cuerpo también fue sometido a autopsia.