Una escena cargada de conmoción se vivió en una iglesia del distrito de Queens, donde un custodio encontró a un bebé recién nacido abandonado dentro de un pesebre instalado cerca del altar principal.
El trabajador había ingresado al templo para realizar tareas de limpieza cuando escuchó el llanto del pequeño. Al acercarse al pesebre de madera, descubrió al bebé envuelto en toallas y todavía con el cordón umbilical, lo que indicaría que había nacido pocas horas antes.
De inmediato, la situación fue reportada a las autoridades y a los servicios médicos, que asistieron al recién nacido y lo trasladaron para recibir atención especializada.
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Según trascendió, la principal hipótesis es que la madre habría dejado al niño en la iglesia buscando que pudiera quedar resguardado y recibir ayuda.
El caso generó una profunda repercusión en Nueva York y despertó nuevamente el debate sobre las leyes de refugio seguro, que permiten entregar bebés recién nacidos en determinados lugares autorizados sin consecuencias penales para las madres.
Mientras avanza la investigación para determinar las circunstancias del hecho, el pequeño permanece bajo cuidado y protección de las autoridades.