Un baño de sangre y un silencio ensordecedor envuelven a la ciudad de Colonia Dora, tras el brutal femicidio de Edith Eugenia Pérez. Con el correr de las horas, los informes de la morgue y las pericias de criminalística comenzaron a armar el escabroso rompecabezas de una madrugada de absoluto terror en el interior del barrio Juventud.
El macabro hallazgo se produjo pasadas las doce de la noche del lunes. Fue el propio hijo de la pareja, un joven de 21 años, quien llegó a la vivienda familiar y se topó de frente con la peor pesadilla. Su madre yacía sin vida sobre un charco de sangre, mientras que su padre, Omar Rafael González, pendía de una soga atada a un árbol en el patio trasero.
El cuerpo de Edith presentaba múltiples y profundas heridas de arma blanca, concentradas principalmente en la zona del tórax y el abdomen, además de severos golpes en el rostro que evidenciaban la asimetría de fuerzas.
El ensañamiento habría sido total. Los primeros relevamientos en la escena del crimen deslizarían que el femicida utilizó al menos dos cuchillos tipo carnicero para consumar el asesinato, presuntamente descartando el primero de ellos luego de que el mango se rompiera ante la violencia de las estocadas. En total, los forenses habrían contabilizado cerca de trece puñaladas letales.
Mirá también: Narcos, genocidas y Carlos Juárez - Juanjo Sain en Dos Generaciones, Una Entrevista
Celos y una relación desgastada
Si bien en el entorno de la mujer de 43 años nadie sospechaba semejante desenlace y no existían denuncias previas por violencia de género, los investigadores hurgan en la intimidad de los días previos a la tragedia. González, de 52 años, habría regresado de un viaje a Buenos Aires apenas tres o cuatro días antes del ataque.
Las pesquisas apuntarían a una relación profundamente desgastada, atravesada en las últimas horas por oscuras escenas de celos y reclamos tras una fiesta bailable. Minutos antes del asesinato, el sujeto le habría arrebatado el teléfono celular a la víctima en medio de una acalorada discusión, desencadenando la sangrienta embestida en el piso de la vivienda.
Tras masacrar a su pareja, el albañil se habría dirigido al fondo de la propiedad. Tomó un trozo de soga, buscó la rama más resistente y le puso punto final a su vida. El examen médico legal practicado a González ratificó que no presentaba signos de lucha ni lesiones previas, confirmando la dolorosa hipótesis de que Edith no tuvo oportunidad real de defenderse.
Bajo un estricto hermetismo sumarial, las fiscales Florencia Garzón y María Emilia Ganem ordenaron el secuestro de prendas de vestir, tres armas blancas con restos hemáticos y los dispositivos móviles de ambos protagonistas, buscando en sus chats la pieza final que explique el porqué de tanta barbarie.
.
Tu canal de entretenimiento está en el Multi Stream.