A tan solo una semana de enfrentar a la Justicia brasileña, Agostina Páez rompió el silencio y detalló el dramático momento personal que atraviesa. Imputada por injuria racial y con un pedido de hasta seis años de prisión en puerta por un conflicto ocurrido en Río de Janeiro, la joven dialogó con el programa televisivo de Moria Casán y expuso la otra cara de la pesadilla judicial y mediática.
"La estoy pasando mal. Tengo demasiada ansiedad, no puedo dormir y estoy medicada. Siento que nada funciona, que nada me puede ayudar", confesó. En medio de la desesperación, Páez se aferra a la contención de nuestra provincia para intentar sobrellevar el hostil escenario: "Tengo psicólogo y psiquiatras santiagueños. Mi medicación es seguida desde Santiago", remarcó.
El terror de la joven no radica únicamente en el inicio del juicio estipulado para el 24 de marzo, sino en el asedio constante. Según su crudo relato, tuvo que abandonar su domicilio y aislarse frente a una montaña, alejada del circuito turístico. "Me vinieron a buscar personas desconocidas porque se filtró mi dirección. Anoche volví a recibir amenazas diciendo que ya saben dónde estoy; eso genera mucho miedo", alertó.
Si bien aseguró estar "totalmente arrepentida" y reconoció que su accionar no tiene justificación —calificándolo como "la peor reacción de mi vida"—, Páez arrojó luz sobre los instantes previos de extrema tensión dentro del boliche, los cuales no trascendieron públicamente.
Según su testimonio, el conflicto inició por cobros excesivos en el local, el cual ya arrastraría malas reseñas de otros turistas argentinos. Tras decidir pagar e intentar irse, comenzó el hostigamiento: "Nos ponían el brazo para que no nos retiremos. Habíamos quedado nosotras tres solas con diez hombres en el lugar; nos persiguieron hasta abajo. Desde arriba ellos también se burlaban, pero eso no sale en los videos".
Ante este escenario, la abogada defensora Carla Junqueira confirmó un cambio de estrategia y adelantó que solicitarán la extradición a través de Cancillería. La letrada sostuvo que las jóvenes actuaron bajo "mucho conflicto y estrés" al sentirse amenazadas, y advirtió que Páez "corre peligro en una cárcel común", considerando que una prisión preventiva en Brasil resultaría sumamente desproporcional.
Con el peso adicional de cumplir el rol materno de su hermana menor, Agostina cerró su intervención con un ruego angustiante ante la severa condena social que padece: "Pido que no se olviden de mí".