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#Opinión

| 22/06/2021

Jugando al Arca de Noé

Las mafias especializadas en el tráfico de animales depredan la fauna exótica nativa de los países que las sufren. En Colombia, se encontraron con algo diferente: Hipopótamos.

Colombia, debido a su ubicación geográfica, diversidad de climas y regiones que incluyen selva, llanuras, montañas y mar, se considera uno de los países con la biodiversidad más rica del mundo. Cabe recordar que este país cuenta con más de 1.800 especies de aves y 3.200 de peces, amén de centenares de especies de reptiles y mamíferos, entre otras autóctonas (las aun conocidas).


Mientras que muchas veces las poblaciones indígenas locales son arrastradas a cometer el crímen de tráfico de especies por el sólo motivo de la supervivencia. Las redes internacionales de criminales hacen de este tráfico en particular un negocio suculento con ganancias que han alcanzado sólo para Colombia más de treinta millones de dólares en los últimos cinco años


El destino de muchos de estos animales, son las colecciones privadas de millonarios a lo largo del mundo, los platos en cenas de lujo de excéntricos potentados o las casas de aquellos que piensan que todo les es permitido y lo pueden debido a su posición económica. Uno de los representantes más conocidos del consumo de tráfico de animales era Pablo Escobar Gaviria, quien levantó en su famosa finca “Nápoles” y para deleite de sus hijos, un zoológico privado con especies exóticas traídas de África. Luego de esto, muchos narcotraficantes y políticos corruptos han imitado sus pasos como signo de poder político, económico e impunidad.


En uno de sus procedimientos más grandes, la policía de Colombia logró desarticular luego de varios meses de investigación una organización de tráfico de especies denominada ¨Los Pajareros¨, que mantenía a animales capturados en terribles condiciones de cautiverio; sedándolos para facilitar su traslado y venta. La ganancia de esta mafia rondaba los U$S 50.000 mensuales mientras que a los aborígenes que hacían el trabajo les pagaban hasta unos U$S 10 por pieza, dependiendo de cuan exóticas estas eran.


Las autoridades colombianas en la actualidad se enfrentan también a un problema ambientalista de conservación de especies diferente y de muy difícil solución que levanta acalorados debates en la sociedad y los organismos no gubernamentales: los hipopótamos de Pablo Escobar, quien sin saberlo generó una crisis ambiental. Y es que luego de su muerte y el desmembramiento de su imperio, su rancho y zoológico quedó abandonado y los hipopótamos que en él había, decidieron no correr la suerte de su dueño y escaparon a la selva donde comenzaron a adaptarse, sobrevivir y reproducirse. Estos ejemplares fueron encontrados a distancias de hasta más de 240 Kilómetros de la Hacienda Nápoles y se encuentran esparcidos en una superficie de alrededor de 13.500 kilómetros cuadrados (1.350.000 hectáreas).


A la fecha han sido censados unos 120 animales y se estima que hasta fines de esta década la población se triplicará debido a la falta de depredadores naturales, que sí existen en África, su hábitat original. Este crecimiento natural pondrá por sí solo en peligro al ecosistema donde se encuentran, porque consumen los recursos de las especies nativas.


Este hipopótamo, a diferencia de sus parientes africanos, resulta no ser agresivo ni atacar al ser humano pareciendo ser que el Continente Americano cambió su naturaleza agresiva, habiéndose en veinte años registrado solo un ataque por embestida contra un campesino que tuvo el infortunio de cruzarse en la marcha del animal. Aunque ambos sobrevivieron al encuentro llevándose el campesino la peor parte dado que resultó hospitalizado con sus huesos rotos. Pero no todo es idilio para estos animales ya que, a pesar de que cómo dijimos no cuentan con depredadores naturales, parecen ser víctimas de los nostálgicos y adoradores del legado de Pablo Escobar, quienes en su afán por poseer algo de este, piden a las mafias de traficantes que les capturen las crías más jóvenes para así incorporarlas a sus colecciones privadas y de poder exhibirlas.


El gobierno colombiano también ha estado sopesando varias medidas para contener lo que es considerada una crisis ambientalista en potencia: el crecimiento sin fin de la especie. Pero hasta el momento no ha tenido éxito práctico en ninguna de ellas. La primera fue tratar de capturar a todos los animales y enviarlos a una reserva en Sudáfrica; pero el gobierno de aquel país se negó a recibirlos debido a que los animales evolucionaron y desarrollaron virus y enfermedades propias de América Latina; con lo que la reintroducción de estos ejemplares al continente devastaría la fauna africana.


Otras de las ideas que se les ocurrió a las autoridades, fue la de darles caza para limitar el crecimiento de la especie y se esperaba matar anualmente a 30 animales. Para eso autorizaron matar a uno de los animales adultos, al que los lugareños cariñosamente llamaban Pepe. Luego de la cacería, las tropas que participaron de la operación posaron con el cadáver de Pepe como trofeo, lo que provoco un levantamiento popular en la región y la crítica de grupos pro derechos de los animales, con lo cual esta opción fue abandonada.


Aunque esta situación límite no tiene parangón en otro país, representa un verdadero dolor de cabeza para los ambientalistas en Colombia. Debería llamar la atención de las autoridades de todos los países donde se cierran los ojos a estas actividades y son vistas sólo como un crimen menor ya que a la larga podrían afectar ecosistemas enteros, llevando a la destrucción de la fauna nativa con efectos a largo plazo que aún desconocemos.
El tráfico internacional de animales y especies en peligro de extinción llega a la suma de veinte mil millones de dólares anuales según la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen Organizado (UNODC). Fuera de Colombia los países más castigados por este flagelo se encuentran en el Continente Americano y son Brasil, Perú, México y Bolivia.


En Argentina, si bien las cifras del tráfico son menores que en estos países, no deja de ser un problema de crimen organizado con idénticas características que las relatadas anteriormente. Desde septiembre del 2020 las autoridades de control han reportado el rescate de cerca de 600 ejemplares. Encontrándose entre las especies nativas rescatadas: cardenales amarillos, ciervos de los pantanos y el aguara guazú, correspondiendo el porcentaje más grande rescatados a especies exóticas, las cuales no pueden ser liberadas y son enviadas a santuarios naturales.

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