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#Opinión

| 03/06/2021

Volando alto

Argentina en los últimos cuarenta años ha visto desaparecer su capacidad militar disuasiva; pero parece ser que existe la voluntad política de cambiar lentamente esa situación.

Volando alto

La República Argentina es heredera de una gloriosa tradición aeronáutica militar, llegando a principios de los años ‘50 a ser considerada una de las fuerzas aéreas más potentes del mundo y la segunda más poderosa del Continente Americano, sólo superada por Estados Unidos.


Estos recursos militares no sólo constituían un activo nacional que evidenciaba la importancia política del país; sino que también era un importante factor disuasivo frente a la amenaza que representaba en ese momento Chile, país con el cual Argentina sostenía varios reclamos de soberanía que no habían podido resolverse a través de negociaciones durante el siglo XIX.


Luego de las pérdidas que ocasionó la heroica gesta de la guerra de Malvinas del año 1982, ninguna administración tomó como prioridad devolver a esta fuerza su capacidad estratégica y disuasiva; necesaria para la defensa activa de la soberanía de Argentina.


Este olvido y el estado de deterioro de la fuerza, llevaron al gobierno militar de Pinochet en Chile, a animarse a amenazar con una nueva guerra por el conflicto del Beagle que se saldó con los acuerdos de paz firmados en el Vaticano, gracias a la intervención de Juan Pablo II y que fueron avalados por un referéndum general, apoyado abrumadoramente por la mayoría de la población del país. Argentina cedió la soberanía que ejercía sobre las islas Picton, Nueva y Lennox en el Canal del Beagle. Sabiendo que el valor principal del ser humano son la paz y la vida ya que la guerra sólo puede traer tragedia y destrucción, la intervención papal pudo evitar una desgracia que hubiese separado por siempre a dos países hermanos. Pero también debemos decir que las amenazas de Pinochet fueron posibles porque, como decía el General Prusiano Von Clausewitz, ¨la guerra es la continuación de la política por otros medios¨ lo que en nuestro caso significa que Argentina quedo desnuda para negociar de igual a igual un tratado diplomático. Pinochet, como se dice vulgarmente, olió la sangre y se abalanzó como un perro rabioso a su presa.


Muchos años han pasado, casi cuarenta años, ningún gobierno se planteó prestar atención a la renovación de la flota aéreo militar del país. Ocurrieron también más de setenta accidentes aéreos debidos a fallas en las aeronaves y que costaron la vida de numerosos pilotos militares. La situación de desidia llegó al punto que al día de hoy Argentina no llega a sumar dos docenas de aviones de combate en condiciones operativas, siendo optimistas.


Si bien las circunstancias geo-estratégicas cambiaron y hoy no se piensa ni entra dentro de la cabeza de ningún político o ciudadano en sus cabales el comenzar una guerra, la necesidad disuasoria de una Fuerza Aérea en condiciones sigue estando vigente. Tanto para combatir al narcotráfico, asegurar los recursos naturales de ultramar frente a la depredación extranjera como de, en caso de un conflicto internacional asegurar la libertad de circulación de naves marinas por el territorio nacional del Océano Atlántico Sur y la zona del área Antártica.


Frente a estos desafíos Argentina necesita, volvemos a repetirlo, imperiosamente renovar su Fuerza Aérea; pero una vez que se ha tomado esa decisión existe otro problema grave y muy difícil de solucionar: El Reino Unido mantiene vigente un boicot que prohíbe vender armamentos militares con componentes de su país a la Argentina y también tiene la posibilidad, como miembro de la OTAN, de bloquear la venta de armamentos de cualquier país que integre esa alianza a países que pueden ser considerados hostiles. Lo que limita las posibilidades de rearme argentino.


En los últimos días ha visitado el país una delegación China de la empresa CATIC que produce el Jet de combate de última generación JF-17, que incluyó una visita a la Fabrica Argentina de Aviones (FADeA) y a la ciudad de Rio Cuarto en la Provincia de Córdoba para analizar la posibilidad de producir ciertas partes bajo licencia en estas plantas industriales. Aunque no hay ningún contrato firmado, la actual administración del Ministerio de Defensa se encuentra elaborando un concurso internacional en el que participarían China con los ya mencionados aviones y Rusia con los cazas MIG-29 o los más modernos SU-30. Aunque también se ha hablado de la posibilidad de venta de los MIG-35 que podrían compararse a los aviones más avanzados de Estados Unidos.


Si bien la licitación internacional sería por la compra de doce aviones (10 monoplazas y 2 biplaza), entendemos que se están dando los pasos correctos frente a los desafíos nacionales e internacionales que puedan ocurrir en un futuro cercano.

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