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#Opinión

| 18/01/2021

Brexit

El año 2021 trajo para Europa una nueva realidad político-económica. La revolución británica del Brexit, que terminó con el sueño de un continente unido bajo una sola bandera.

Brexit

Desde las Guerras Napoleónicas, potencias centrales como Francia o Alemania soñaron con unificar el continente en un solo estado sin trabas al comercio, con una moneda, constitución, leyes y una bandera única.

 

Desde comienzos de la década de 1990 ese sueño comenzó a plasmarse con la denominada “Comunidad Económica Europea”, que creada por una élite de tecnócratas comenzó como una unión económica que reemplazó las monedas y los bancos centrales locales; y derivó en un proyecto político y social bajo el entendimiento artificial y teórico de que todos los habitantes del viejo continente tendrían los mismos intereses, forma de vida y aspiraciones espirituales e individuales. Es decir, un “ethos” europeo basado en la ocupación geográfica de un mismo espacio.

 

Todos estos sueños de unidad continental comenzaron a resquebrajarse el 1 de Enero del 2021 con la ruptura por parte de Gran Bretaña, de esta unión. No bastaron todos los esfuerzos, las amenazas a represarías financieras y políticas, el establecimiento de tarifas de importación y el entorpecimiento al libre flujo de mercaderías impuestas por el centro político y bancario de Bruselas (sede de la Comunidad Europea). Igualmente Gran Bretaña decidió romper con sus vecinos para emprender el camino que mejor sabe hacer, nos guste o no: comerciar libremente sin tener que rendir cuentas a ningún otro estado por sus actos de gobierno.

 

Esta secesión por parte de Inglaterra es vista por Europa como una traición a un modelo de liderazgo establecido por élites intelectuales que ven a este voto como un triunfo de un populismo que tiene en cuenta los intereses de los votantes de un territorio y no los de los diseñadores de políticas para una sociedad integrada sin distinciones, salidas de los laboratorios de las mejores escuelas del pensamiento intelectual universitario o de las poderosas corporaciones internacionales que no responden a los intereses locales ingleses. Europa percibe el peligro de la desintegración política de su proyecto de gobierno global en donde un estado pequeño se separa de una unión mayor, en este caso para realizar en primer lugar convenios comerciales y económicos cómo y con quien mejor le plazca. Es decir, el triunfo de una libertad particular en detrimento del conjunto de la sociedad, y que puede ser imitada en el futuro por otros estados que sientan así mismo amenazados sus intereses particulares o quieran cambiar el rumbo de sus políticas y convertirse en proteccionistas, socialistas o más liberales según les plazca.

 

El Brexit es una espada clavada en el corazón de Europa que consideraba el estado de integración como un proceso inevitable que iba a poner fin a todos los males europeos, trayendo paz y prosperidad a este continente que, se suponía, iba a liderar al mundo liberándose de la injerencia de Estados Unidos. Finalizando asimismo cualquier antagonismo interno con la eliminación de las fronteras que se venía materializando con los acuerdos Schengen para el libre tránsito de personas dentro del espacio comunitario. 

 

Debemos decir que Gran Bretaña nunca se sintió cómoda en este espacio en el que se encontraba atada y veía como los aportes de los impuestos de sus ciudadanos terminaban manteniendo supra estructuras paralelas totalmente burocratizadas que no les favorecían, así como de legislaciones que terminaban protegiendo el trabajo en otros países en desmedro de sus propios habitantes. Sus propios ciudadanos llegaron a preguntarse si la fragmentación sería buena o no para defender la prosperidad del país y las libertades individuales como ultima defensa contra la arbitrariedad fiscal y política que establecía multas o tasas de impuestos unificadas para toda Europa, haciendo entonces de la secesión un derecho humanitario y de rebelión frente a Bruselas; como diciendo “no me gusta y me perjudica lo que hacen entonces me voy y hago algo diferente con más o menos socialismo”.

 

Podemos decir también que el Brexit deja un precedente para discusiones ya abiertas como por ejemplo si en España son válidos la secesión de Cataluña o el país Vasco. Porque no hay que olvidarse que los estados europeos siempre estuvieron fragmentados habiendo llegado a existir en la edad media hasta 400 micro estados.

 

Al excluirse del resto de Europa anunciando que la intención del país es la de establecer acuerdos de libre comercio con todos los países del mundo que pueda para así convertirse en la Singapur de Europa, creando puertos y áreas industriales francas en las zonas más desfavorecidas del país para dar trabajo a no menos de 150.000 personas y canalizar inversiones que superen los U$S 10.000 millones en los próximos años. 

 

De alguna forma Gran Bretaña decidió competir por un modelo económico, cultural, impositivo y de libertades propio y no ser incluida dentro del globalismo de la Unión Europea que la obliga a tener un sistema impositivo unificado y mantener conflictos o embargos comerciales con países con los que quiere comerciar. 

 

Si el Brexit es bueno o malo es una pregunta que el futuro nos develará. Todo depende de qué se hace con esta libertad que el pueblo inglés quiso para sí y si los gobernantes respetan la opinión de éste o escucharan a las grandes corporaciones e intereses geopolíticos y económicos que quieren dictar el futuro a Europa y el resto del mundo.

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