En la ciudad de Sagamihara, prefectura de Kanagawa, se encuentra lo que podría ser el parque más pequeño de Japón: un rectángulo de césped, protegido por una reja y acompañado por un sencillo letrero.
A pesar de su tamaño reducido, este espacio cumple con la normativa urbana japonesa, que exige la presencia de áreas verdes designadas en ciertas zonas residenciales. Según la legislación, no importa cuán pequeño sea el terreno, si cumple con los requisitos establecidos puede ser registrado oficialmente como parque.
Este peculiar rincón verde es un recordatorio de que, incluso en las ciudades más densamente pobladas, la planificación urbana reserva un espacio —por diminuto que sea— para la naturaleza.