Hay artistas que capturan el momento y otros que deciden desafiar al reloj. Pedro Matías Cosci, nacido en nuestra capital un 17 de abril de 1981, pertenece definitivamente al segundo grupo. Tras dos años de una cocina lenta y meticulosa, el músico acaba de lanzar su nuevo disco, una apuesta ambiciosa que busca reivindicar el valor de la canción como unidad de sentido, con un principio y un fin que se abrazan en una narrativa coherente.
El método detrás de la historia
La génesis de este álbum no fue azarosa. Durante el primer año, Cosci se volcó a la “metodología de la nota de voz”, capturando melodías e historias en el fragor de lo cotidiano. “La idea siempre ha sido hacer un disco conceptual, sacar diez canciones de una sola vez”, explica el artista. Para él, este trabajo es su posicionamiento definitivo en el género canción, alejándose de las etiquetas rígidas del rock o el pop puro para priorizar el relato.
Cada pista es una historia vivida o un relato que le llegó al alma, volcado al papel con una impronta personal que busca quedarse dando vueltas en el inconsciente del oyente.
La metáfora del paraguas: Lo que no pasa de moda
Si uno observa la tapa del disco, lo verá a Mati con un paraguas. No es un accesorio al azar. Para Cosci, el paraguas representa la atemporalidad. “Es un elemento que ha trascendido los años con la misma forma; no tiene nuevas tecnologías y sigue cumpliendo su función. Es igual hoy que hace 50 años, pero no es viejo”, reflexiona.
Esa es la ambición de este disco: sonar vigente hoy, mañana y dentro de dos décadas. Un objeto que te cubre de la lluvia o te protege del sol, adaptándose al clima emocional de quien lo escucha sin perder su esencia.
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Playlist recomendada:
Mati Cosci nos invita a un recorrido por diez estaciones musicales donde la voz y la guitarra son las protagonistas.
1- Nada es para siempre: El inicio ideal. Una apertura que nos sitúa en la fragilidad y la belleza de lo efímero.
2- Antes: Una mirada nostálgica que prepara el terreno emocional del disco.
3- No es extraño: Donde la lírica de Cosci empieza a jugar con lo cotidiano y lo sorprendente.
4 - Dame: Una canción de entrega, con esa fuerza acústica que invita a cerrar los ojos.
5 - Matame: Intensidad pura. Una de las interpretaciones más viscerales del álbum.
6 - Vamos a mi casa: El refugio. Una invitación cálida que suena a hogar y a Santiago.
7 - Seguiré cantando: El himno de resiliencia del artista. Su declaración de fe en el oficio de la música.
8 - Martes 21: Una historia con fecha y firma, de esas que se quedan dando vueltas en el inconsciente.
9 - Corazón inquieto: El pulso del disco. El ritmo que describe a quien no deja de buscar nuevas formas de decir.
10 - Oye Siri: El cierre perfecto. Un diálogo moderno entre la tecnología y la emoción humana, demostrando que lo atemporal también sabe hablarle al futuro.
Sonidos modernos y sueños compartidos
Musicalmente, el álbum no escatima en recursos. Guitarras presentes, sintetizadores que le dan un aire contemporáneo y melodías pop se entrelazan para crear esa atmósfera de “huracán de sonidos” que define la propuesta.
Al consultarle sobre con quién soñaría compartir estas canciones, el nombre de Jorge Drexler surge de inmediato. “Me parece un artista que está innovando todo el tiempo en la manera en que comunica”, asegura Mati, dejando clara su admiración por aquellos que, como él, buscan nuevas formas de decir lo de siempre.
Lo que viene
El plan para este 2026 es claro: llevar el disco al vivo. Mati planea presentarlo de punta a punta en un escenario, rodeado de artistas invitados, para que el público santiagueño pueda experimentar esa mística que solo ocurre cuando la música y la historia se encuentran cara a cara.
Mati Cosci ha abierto su paraguas. Y bajo su refugio, hay canciones que llegaron para quedarse, recordándonos que las buenas historias, como los grandes artistas de nuestra tierra, son, por definición, eternas.