El jóven llevaba mucho tiempo participando de entrevistas laborales sin lograr ser contratado. Harto de los rechazos, decidió darle un vuelco a su búsqueda de empleo: cobra un monto específico por cada entrevista a la que lo llaman.
Según explicó, fija una tarifa base para las entrevistas y además añade un extra por desplazamiento y viáticos. Incluso tiene una tabla de precios: cuanto más lejos sea la sede de la entrevista, mayor será el valor que reclama.
De esta forma, logró convertir lo que para muchos sería un fracaso laboral en un modelo alternativo de monetización, al transformar algo tan común como asistir a entrevistas en un negocio rentable.