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Vacaciones sin desvelo: claves para que chicos y jóvenes descansen mejor

Especialistas alertan que la ruptura de rutinas durante el receso puede afectar el sueño y el bienestar emocional si no se cuidan ciertos hábitos diarios.

Las vacaciones son uno de los momentos más esperados del año para niños, adolescentes y familias enteras. Sin embargo, ese descanso tan ansiado también trae consigo cambios en los horarios, más tiempo frente a pantallas y comidas desordenadas que pueden alterar seriamente la calidad del sueño.

Durante el receso, acostarse y levantarse a cualquier hora se vuelve moneda corriente. En los adolescentes, sobre todo, es habitual estirar la noche hasta la madrugada, algo que no solo impacta en la convivencia familiar sino también en su salud física y emocional. Dormir mal afecta la concentración, el estado de ánimo y la energía para afrontar el día.

La falta de regularidad en el descanso, sumada al exceso de pantallas y a una alimentación basada en productos ultraprocesados, puede desajustar los ritmos biológicos. Esto se traduce en mayor irritabilidad, cansancio constante, cambios de humor e incluso síntomas de ansiedad o tristeza cuando el problema se sostiene en el tiempo.

Especialistas en medicina del sueño advierten que durante las vacaciones es frecuente el llamado “retardo de fase”, una alteración que lleva a dormirse cada vez más tarde. Por eso, remarcan la importancia de sostener hábitos básicos que ayuden a cuidar el descanso, aun en un contexto más relajado.

 

Ocho consejos simples para dormir mejor en vacaciones

Para atravesar el receso sin que el sueño pase factura, los expertos recomiendan tener en cuenta estas pautas:

Horarios más o menos estables: no hace falta ser rígidos, pero sí evitar cambios extremos al acostarse y despertarse.

Luz natural por la mañana: abrir cortinas y exponerse al sol temprano ayuda a regular el reloj biológico.

Movimiento diario: fomentar la actividad física y los juegos al aire libre, preferentemente durante la mañana.

Cuidado con las siestas: que sean cortas y nunca después de las 17.

Menos pantallas antes de dormir: la luz azul interfiere en la producción de melatonina. Lo ideal es evitarlas al menos dos horas antes de acostarse.

Un dormitorio adecuado: ambiente tranquilo, luz tenue y temperatura confortable.

Evitar estimulantes por la tarde: café, gaseosas cola, té y chocolate pueden dificultar el sueño.

Rutinas de relajación: leer, escuchar música suave o realizar actividades tranquilas antes de ir a la cama.

Cuidar el descanso también es parte de disfrutar las vacaciones. Con pequeños ajustes y sin perder el clima distendido del receso, es posible lograr que niños y adolescentes duerman mejor y encaren cada día con más energía y buen ánimo.

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