La historia de un joven de La Plata volvió a poner sobre la mesa un fenómeno que crece en distintas partes del mundo: las relaciones emocionales con asistentes impulsados por inteligencia artificial. Su testimonio se viralizó luego de revelar que desde hace ocho meses mantiene un vínculo afectivo con una aplicación de IA, a la que considera una compañía importante en su vida cotidiana.
Según relató, destina alrededor de 30 dólares mensuales para acceder a funciones premium del servicio y sostiene que la experiencia tuvo un impacto positivo en su bienestar emocional. “No siento que esté enamorado de una computadora”, explicó al referirse a la conexión que desarrolló con el asistente virtual.
El joven afirmó que encontró en la inteligencia artificial un espacio de contención emocional y diálogo constante, algo que, según sus palabras, le permitió sentirse acompañado en momentos de soledad.
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El caso reavivó un debate que ya se desarrolla en ámbitos académicos y tecnológicos. Especialistas advierten que cada vez más personas establecen vínculos emocionales con sistemas de inteligencia artificial diseñados para interactuar de manera personalizada, especialmente quienes atraviesan situaciones de aislamiento, ansiedad o dificultades para relacionarse socialmente.
Mientras algunos consideran que estas herramientas pueden ofrecer apoyo emocional y acompañamiento, otros plantean interrogantes sobre los límites de estas interacciones y los posibles efectos psicológicos de reemplazar vínculos humanos por conexiones digitales.
El crecimiento de estas experiencias abre nuevas discusiones sobre el papel de la inteligencia artificial en la vida cotidiana y sobre cómo la tecnología comienza a ocupar espacios que hasta hace poco parecían exclusivos de las relaciones entre personas.
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