Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Especiales

Un crimen sin resolver durante 23 años: lo identificaron por el ADN de una botella de agua

El asesinato de Leslie Preer en 2001 conmocionó a su comunidad y permaneció sin culpables hasta que una nueva tecnología genética permitió identificar al responsable, quien terminó condenado.

El asesinato de Leslie Preer, una ejecutiva de publicidad de 49 años, parecía destinado a quedar impune, pero más de dos décadas después la investigación dio un giro decisivo gracias a una prueba de ADN obtenida de una botella de agua, lo que permitió identificar y condenar al autor del crimen.

El caso comenzó el 2 de mayo de 2001, cuando la mujer no se presentó a trabajar en Maryland, Estados Unidos. Ante la falta de contacto, su jefe y su esposo fueron hasta su vivienda y encontraron señales de violencia. En el interior hallaron a Preer muerta en la ducha, con lesiones en la nuca; la autopsia determinó que había fallecido por un fuerte golpe y estrangulamiento.

Durante años, las sospechas recayeron sobre su marido, aunque su coartada fue confirmada. Las pruebas genéticas halladas en la escena —sangre y restos bajo las uñas de la víctima— no coincidían con él ni con otros sospechosos, lo que dejó la causa sin avances durante décadas.

El giro llegó cuando la investigación fue retomada y se aplicó una técnica de ADN familiar, que permitió rastrear coincidencias genéticas hasta una familia de origen rumano. Ese camino condujo a Eugene Teodor Gligor, quien había sido novio de la hija de la víctima en su adolescencia y frecuentaba la casa familiar años antes del crimen.

Como su perfil genético no figuraba en registros oficiales, los investigadores lograron obtener una muestra tras seguirlo hasta un aeropuerto, donde recogieron una botella de agua descartada por él. El análisis confirmó la coincidencia con el ADN hallado en la escena del homicidio.

Gligor fue detenido en 2024 y, tras negar inicialmente su participación, se declaró culpable en 2025 de asesinato en segundo grado. No explicó el motivo del ataque y solo insinuó que estaba bajo efectos de alcohol y drogas al momento del hecho.

Un tribunal lo condenó a 22 años de prisión, cerrando así un caso que había marcado profundamente a la familia de la víctima y que durante más de dos décadas simbolizó la espera por justicia.

Seguí a Nuevo Diario Web en google news
Comentarios

Te puede interesar

Teclas de acceso