En el fútbol existen regresos que despiertan ilusión. Otros generan nostalgia. Y algunos, como el de Sebastián Villa a Boca Juniors, provocan una profunda división entre los hinchas, dirigentes y la opinión pública.
La decisión de Juan Román Riquelme de volver a incorporar al delantero colombiano, luego de tres años fuera del club y de una salida marcada por denuncias judiciales, conflictos contractuales y una condena por violencia de género, representa probablemente la contratación más controvertida desde que el ídolo asumió la conducción futbolística de Boca.
Un comienzo prometedor
Sebastián Villa llegó a Boca en junio de 2018 procedente de Deportes Tolima. Su velocidad, desequilibrio y capacidad para romper defensas lo convirtieron rápidamente en una pieza importante del equipo.
Participó de la histórica campaña que llevó al Xeneize a la final de la Copa Libertadores 2018 frente a River Plate y, con el correr de las temporadas, fue consolidándose como uno de los futbolistas más determinantes del plantel.
Durante su primer ciclo ganó títulos locales y fue protagonista en numerosos clásicos y encuentros internacionales. Para muchos entrenadores, su explosión por las bandas era un recurso difícil de reemplazar.
El inicio de los conflictos
Sin embargo, mientras su rendimiento deportivo crecía, su situación fuera de las canchas comenzaba a complicarse.
En 2020 fue denunciado por su entonces pareja, Daniela Cortés, por violencia de género. La causa avanzó en la Justicia argentina y, en 2023, Villa fue condenado a dos años y un mes de prisión de ejecución condicional por amenazas coactivas y lesiones leves agravadas por el vínculo. Al tratarse de una pena menor a tres años, no cumplió prisión efectiva.
Paralelamente enfrentó otra causa por abuso sexual iniciada por una joven que aseguró haber sido víctima de una agresión en 2021. Ese expediente posteriormente quedó sin efecto luego de un acuerdo entre las partes.
La ruptura definitiva con Boca
Tras conocerse la condena, Boca decidió apartarlo del plantel profesional.
Villa dejó de entrenarse con el grupo, manifestó públicamente su intención de marcharse y finalmente abandonó el país sin autorización del club.
Poco después rescindió unilateralmente su vínculo y continuó su carrera en el Beroe de Bulgaria, mientras Boca iniciaba acciones legales por incumplimiento contractual y el jugador respondía judicialmente contra la institución. Aquella ruptura parecía definitiva.
Para buena parte del hincha, la relación había quedado rota para siempre.
Una segunda oportunidad
Después de un breve paso por el fútbol europeo, Villa regresó al fútbol argentino para jugar en Independiente Rivadavia de Mendoza.
Allí recuperó protagonismo, volvió a mostrar un alto nivel futbolístico y se convirtió en una de las principales figuras del equipo. Su rendimiento despertó nuevamente el interés de varios clubes, entre ellos Boca.
Durante meses los rumores crecieron hasta que finalmente la dirigencia encabezada por Riquelme decidió avanzar por su contratación.
Boca acordó la compra del pase en una operación cercana a los 6,5 millones de dólares, sellando así un regreso que pocos imaginaban posible apenas unos meses atrás.
Una decisión que divide
Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, pocos discuten las condiciones de Villa.
Es un extremo rápido, con desequilibrio individual y capacidad para resolver partidos. En un mercado donde escasean futbolistas con esas características, Boca recupera a un jugador probado en el club.
Pero la discusión trasciende el aspecto deportivo.
Su condena por violencia de género y los antecedentes judiciales vuelven inevitable el debate sobre el mensaje institucional que transmite Boca al reincorporar a un futbolista con ese historial.
Mientras algunos sostienen que ya cumplió con las consecuencias que determinó la Justicia y merece una segunda oportunidad profesional, otros consideran que un club de la magnitud de Boca debe sostener estándares éticos más elevados para representar sus valores.
Es una discusión que excede al fútbol y que vuelve a poner sobre la mesa el delicado equilibrio entre la reinserción, el derecho a trabajar y la responsabilidad social de las instituciones deportivas.
El desafío de Riquelme
La apuesta también compromete directamente a Juan Román Riquelme.
El presidente decidió asumir el costo político de traer nuevamente a un jugador cuyo nombre inevitablemente genera rechazo en una parte importante de la sociedad.
Si Villa vuelve a rendir dentro de la cancha, probablemente muchos cuestionamientos deportivos se diluyan.
Pero cualquier episodio extrafutbolístico reabrirá inmediatamente una polémica que nunca terminó de cerrarse.
Un regreso que trasciende al fútbol
La historia de Sebastián Villa ya no puede analizarse únicamente por sus goles, sus asistencias o su velocidad.
Su carrera quedó marcada por decisiones judiciales, debates sociales y profundas discusiones sobre el rol que deben asumir los clubes frente a casos de violencia de género.
Su regreso a Boca representa mucho más que una incorporación para afrontar el segundo semestre de la temporada.
Es una decisión que volverá a poner bajo la lupa tanto al futbolista como a la dirigencia xeneize y que probablemente será recordada como una de las apuestas más controversiales de la era Riquelme, independientemente de lo que ocurra dentro del campo de juego.