Durante décadas, el sarampión fue una de las principales causas de muerte infantil en el mundo. Gracias a las campañas masivas de vacunación, numerosos países lograron eliminar la circulación endémica del virus e incluso se llegó a pensar que la enfermedad estaba cerca de desaparecer.
Sin embargo, en los últimos años se registró un resurgimiento de casos en distintas regiones debido a la disminución en las tasas de vacunación, los movimientos migratorios y la rápida propagación del virus entre personas no inmunizadas.
¿Qué es el sarampión?
El sarampión es una enfermedad viral aguda causada por un virus de la familia Paramyxoviridae. Se transmite por vía aérea a través de pequeñas gotas que una persona infectada expulsa al toser, estornudar o incluso al hablar.
Se trata de una de las enfermedades más contagiosas que existen. Una persona con sarampión puede infectar a entre 12 y 18 personas susceptibles si no están vacunadas.
Además, el virus puede permanecer en el aire o sobre superficies durante varias horas, lo que facilita su propagación.
¿Cuáles son los síntomas?
Los primeros signos suelen aparecer entre siete y catorce días después del contagio.
Inicialmente se presentan fiebre alta, tos persistente, secreción nasal y conjuntivitis. Posteriormente aparecen pequeñas manchas blancas en el interior de la boca, conocidas como manchas de Koplik, consideradas una característica típica de la enfermedad.
Días después surge el sarpullido rojizo que comienza en el rostro y se extiende progresivamente hacia el cuello, el tronco, los brazos y las piernas.
Las complicaciones
Aunque muchas personas se recuperan sin secuelas, el sarampión puede provocar complicaciones graves, especialmente en niños pequeños, embarazadas y personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran la neumonía, infecciones de oído, diarrea severa, deshidratación y encefalitis, una inflamación del cerebro que puede dejar secuelas neurológicas permanentes o incluso causar la muerte.
La vacuna, la mejor herramienta
La vacunación es la forma más efectiva de prevenir el sarampión.
En Argentina, la vacuna Triple Viral protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas. El esquema nacional contempla dos dosis para lograr una protección adecuada.
Gracias a la inmunización sistemática, millones de casos y muertes fueron evitados en todo el mundo durante las últimas décadas.
¿Por qué reapareció?
Especialistas atribuyen el aumento de casos a varios factores.
La disminución de las coberturas de vacunación, la interrupción de campañas sanitarias durante la pandemia de COVID-19, la circulación internacional de viajeros y la desinformación sobre las vacunas facilitaron la reaparición del virus en comunidades donde existían personas sin inmunizar.
Cuando baja el porcentaje de población vacunada, el virus encuentra condiciones favorables para propagarse rápidamente.
El panorama en Argentina
Argentina logró eliminar la circulación endémica del sarampión hace varios años, pero continúa en riesgo de registrar casos importados debido a la circulación del virus en otros países.
Por esa razón, las autoridades sanitarias mantienen una vigilancia epidemiológica permanente y refuerzan periódicamente las campañas de vacunación para evitar nuevos brotes.
Ante la aparición de casos sospechosos, los protocolos contemplan el aislamiento del paciente y la identificación de sus contactos estrechos.
Cómo prevenir el contagio
La principal medida de prevención sigue siendo cumplir con el calendario nacional de vacunación.
También es importante consultar rápidamente al sistema de salud ante la aparición de síntomas compatibles, especialmente si hubo contacto con personas enfermas o viajes recientes a zonas con circulación del virus.
La detección temprana permite reducir el riesgo de transmisión y activar las medidas sanitarias correspondientes.
Un desafío vigente
Aunque hoy existen herramientas eficaces para prevenir el sarampión, la enfermedad continúa representando un desafío para los sistemas de salud en todo el mundo.
Los brotes registrados en distintos países demuestran que mientras existan personas sin vacunar, el virus seguirá encontrando oportunidades para propagarse.
Mantener altas coberturas de vacunación no solo protege a quienes reciben la inmunización, sino también a quienes, por razones médicas, no pueden vacunarse y dependen de la protección colectiva para evitar el contagio.