Los terremotos son uno de los fenómenos naturales más impactantes del planeta. En cuestión de segundos pueden provocar fuertes sacudidas, alterar el paisaje y afectar a millones de personas. Sin embargo, detrás de cada sismo existe un proceso geológico que comienza mucho antes de que la tierra empiece a temblar.
La explicación se encuentra en el movimiento constante de las placas tectónicas, enormes bloques que forman la capa más externa de la Tierra y que se desplazan lentamente desde hace millones de años.
La superficie terrestre está formada por una capa rígida conocida como litosfera, que se encuentra dividida en grandes fragmentos llamados placas tectónicas.
Estas placas no permanecen inmóviles. Se desplazan apenas unos centímetros por año sobre una capa más profunda y caliente denominada manto, donde las corrientes de convección impulsan su movimiento de manera continua.
Aunque ese desplazamiento es muy lento, las placas interactúan constantemente entre sí, generando enormes fuerzas capaces de producir terremotos.
Los terremotos ocurren principalmente en los límites donde las placas tectónicas entran en contacto. Allí pueden producirse tres tipos de movimientos:
Límites convergentes: dos placas chocan y, en muchos casos, una se introduce por debajo de la otra en un proceso llamado subducción.
Límites divergentes: las placas se separan, permitiendo el ascenso del magma y la formación de nueva corteza terrestre.
Límites transformantes: ambas placas se deslizan lateralmente en direcciones opuestas.
En cualquiera de estos casos, la fricción puede hacer que las placas queden momentáneamente trabadas.
El siguiente material explica de manera sencilla cómo se desplazan las placas tectónicas, por qué acumulan energía y qué sucede cuando esa tensión se libera en forma de un sismo.
Cómo se acumula la energía antes de un sismo
Aunque las placas queden bloqueadas por la fricción, el movimiento interno del planeta continúa empujándolas.
Como consecuencia, la tensión comienza a acumularse lentamente en las rocas durante años o incluso siglos. Es un proceso comparable al de una banda elástica que se estira cada vez más.
Cuando la presión supera la resistencia de las rocas, estas se fracturan de forma repentina y liberan toda la energía acumulada en forma de ondas sísmicas, responsables del movimiento que se percibe en la superficie.
Hipocentro y epicentro, dos conceptos fundamentales
El lugar donde se inicia la ruptura dentro del planeta recibe el nombre de hipocentro o foco sísmico.
A partir de ese punto, las ondas sísmicas se propagan en distintas direcciones, provocando las vibraciones características de un terremoto.
Un fenómeno imposible de evitar, pero posible de comprender
La ciencia ha logrado explicar con precisión cómo se originan los terremotos y por qué determinadas regiones del mundo presentan una mayor actividad sísmica. Sin embargo, todavía no existe un método capaz de predecir con exactitud cuándo ocurrirá un sismo.
Por ese motivo, el monitoreo permanente de las placas tectónicas, el desarrollo de construcciones resistentes y la preparación de la población continúan siendo las principales herramientas para reducir el impacto de estos fenómenos naturales.
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