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Especiales Informe especial

“No sé qué cocinar hoy”: el agotamiento silencioso detrás del menú diario

Especialistas advierten que la dificultad para elegir qué comer no es falta de creatividad, sino el resultado de la sobrecarga mental y la responsabilidad histórica que recae mayormente en las mujeres.

“¿Qué cocino hoy?” parece una pregunta simple, pero para muchas mujeres representa una decisión diaria atravesada por planificación, presupuesto, nutrición, tiempos y preferencias familiares. Lo que desde afuera parece una elección doméstica menor, en realidad forma parte de lo que especialistas denominan carga mental.

La socióloga francesa Monique Haicault fue una de las primeras en conceptualizar este fenómeno en los años 80, describiendo cómo las mujeres no solo ejecutan tareas domésticas, sino que además gestionan, anticipan y organizan todo lo que sucede en el hogar. Décadas después, estudios de organismos como ONU Mujeres señalan que las mujeres siguen dedicando significativamente más horas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los varones.

Decidir qué cocinar implica contemplar múltiples variables:

Qué hay en la heladera.

Qué alcanza con el presupuesto disponible.

Qué es saludable.

Qué les gusta (o no) a quienes viven en la casa.

Cuánto tiempo real hay para cocinar.

Esa acumulación de microdecisiones genera lo que la psicología denomina fatiga decisional: un desgaste cognitivo producido por la toma constante de decisiones. Cuando esta responsabilidad recae casi exclusivamente en una persona, el agotamiento se vuelve cotidiano.

Además, la presión social suma otra capa. Las redes sociales y los discursos sobre alimentación saludable, viandas “instagrameables” o dietas específicas generan un estándar difícil de sostener. La cocina deja de ser solo alimentación y pasa a ser también rendimiento, creatividad y, muchas veces, evaluación externa.

En este contexto, el problema no es “no saber qué cocinar”, sino la falta de distribución equitativa de responsabilidades. Especialistas en organización familiar recomiendan planificar menús semanales compartidos, distribuir tareas y reducir la exigencia de variedad constante como estrategias para aliviar la carga.

El desafío, señalan, no es gastronómico: es cultural. Y mientras la planificación alimentaria siga recayendo mayormente en las mujeres, la pregunta diaria seguirá pesando más de lo que parece.

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