Cuando un perro lame a su dueño, muchos interpretan el gesto como un “beso” o una simple muestra de cariño. Sin embargo, estudios en etología indican que este comportamiento tiene un significado emocional y biológico mucho más complejo.
De acuerdo con especialistas en conducta animal, los perros utilizan el lamido como una forma de comunicación profunda: al hacerlo, mezclan su olor con el de la persona, señalan pertenencia a la misma “manada” y fortalecen el vínculo social con su humano. También puede ser una forma de “recuperar” a su dueño cuando huele a otros perros.
Lejos de ser un acto de dominancia o un hábito caprichoso, el lamido funciona como un marcaje afectivo que expresa apego, seguridad y necesidad de conexión. Los expertos señalan que los perros pueden experimentar celos, miedo a la pérdida y un fuerte deseo de cercanía, emociones que se manifiestan a través de este gesto.
Por eso, recomiendan no rechazar esta conducta sin antes comprender su significado: para el animal, lamer es decir, en su propio lenguaje, “te quiero, estás conmigo y no quiero perderte”.