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Las señales que indican que el estrés dejó de ser normal y ya afecta tu salud

Psicólogas explican que el problema no es sentir estrés, sino permanecer durante semanas o meses en estado de alerta. El cansancio que no desaparece, la irritabilidad y la falta de concentración son algunas de las primeras señales.

Sentir estrés frente a una situación importante es una reacción natural del organismo. Sin embargo, cuando ese estado de alerta se mantiene durante semanas o meses, deja de ser una respuesta saludable y comienza a afectar el bienestar físico, emocional y el rendimiento diario.

"La activación del cuerpo ante una demanda es normal. El problema no es activarse, sino no poder volver a la calma", explicó la psicóloga María Paula Tripaldi (MP 2826), quien advirtió que allí aparece el denominado estrés crónico.

Para describirlo, la especialista utiliza una comparación sencilla: "Es como un celular que todos los días consume más batería de la que logra recargar. Llega un momento en que nunca vuelve al 100%".

Ese desgaste suele manifestarse con un cansancio que no desaparece aunque la persona duerma más horas o se tome unos días de descanso. También aparecen dolores musculares, cefaleas, trastornos digestivos, baja de las defensas, dificultad para concentrarse, olvidos, ansiedad, irritabilidad, pérdida de motivación y aislamiento social.

La psicóloga Romina Halbwirth (MN 26252) explicó que muchas personas continúan cumpliendo con sus responsabilidades laborales pese al agotamiento, lo que dificulta detectar el problema.

"Desde afuera parece que pueden con todo, pero por dentro están agotadas. Trabajan más horas, hacen más esfuerzo y, sin embargo, obtienen peores resultados porque disminuyen la claridad mental, la creatividad y la capacidad para resolver problemas", señaló.

Los especialistas remarcan que el estrés crónico también repercute en las relaciones personales. Cancelar reuniones, responder de forma cortante, perder el interés por actividades que antes generaban placer o aislarse de familiares y amigos suelen ser algunas de las primeras consecuencias.

En cuanto a los grupos más afectados, Tripaldi indicó que las mujeres suelen reportar mayores niveles de estrés debido a la carga laboral y de cuidados, mientras que los hombres muchas veces lo expresan mediante irritabilidad, síntomas físicos o consumo de sustancias. La franja comprendida entre los 30 y 50 años concentra la mayor incidencia.

También influyen las características del trabajo. Profesionales de la salud, docentes, fuerzas de seguridad, personal de cuidados y quienes desempeñan tareas de alta exigencia emocional o permanecen largos períodos alejados de su entorno presentan un mayor riesgo.

A esto se suma una característica propia de la actualidad: la dificultad para desconectarse.

"Antes uno terminaba la jornada y el trabajo quedaba en la oficina. Hoy sigue presente a través del celular, los correos electrónicos, los grupos de WhatsApp y las notificaciones. El horario termina, pero el sistema nervioso sigue funcionando como si todavía estuviera trabajando", explicó Halbwirth.

Para revertir esta situación, ambas especialistas coinciden en que la clave es detectar las primeras señales y entrenar nuevamente al organismo para salir del estado permanente de alerta.

Entre las principales recomendaciones figuran practicar ejercicios de respiración, realizar actividad física, respetar las horas de sueño, fortalecer los vínculos sociales, disfrutar de actividades recreativas y reducir la autoexigencia.

Además, advierten sobre la importancia de dejar de asociar el agotamiento con el éxito.

"Descansar no es perder el tiempo. Es una necesidad para el funcionamiento físico, mental y emocional. Estar ocupado todo el tiempo no significa necesariamente ser más productivo", concluyeron las especialistas.

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