El caso de Louise Woodward se convirtió en uno de los procesos judiciales más polémicos de la década de 1990. La joven británica, que había viajado a Estados Unidos para trabajar como niñera, fue condenada a prisión perpetua por la muerte de un bebé de ocho meses que estaba bajo su cuidado. Pero apenas diez días después de recibir la sentencia, un inesperado giro judicial le permitió recuperar la libertad.

Todo comenzó en febrero de 1997, cuando Matthew Eappen sufrió graves lesiones cerebrales mientras permanecía en su casa de Newton, Massachusetts, al cuidado de Woodward. El pequeño fue trasladado de urgencia a un hospital de Boston, donde permaneció internado hasta que murió el 9 de febrero.

La investigación apuntó rápidamente contra la joven, quien se encontraba a solas con el bebé durante las horas previas a la emergencia. A partir de entonces, comenzó una causa que enfrentó dos versiones sobre lo ocurrido y despertó una enorme atención mediática tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña.

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De Inglaterra a una familia de Massachusetts

Woodward había nacido en Elton, una localidad del condado inglés de Cheshire. Tenía 17 años cuando llegó a Estados Unidos, en junio de 1996, para desempeñarse como au pair, un programa que permite a jóvenes extranjeros vivir con una familia anfitriona y trabajar en el cuidado de sus hijos.

Meses después comenzó a trabajar para Sunil y Deborah Eappen, un matrimonio de profesionales que residía en Newton. Él era anestesiólogo y ella, oftalmóloga. La pareja tenía dos hijos: Brandon, de dos años, y Matthew, que todavía era un bebé.

La tarea de Louise consistía en atender a ambos pequeños mientras sus padres cumplían con sus obligaciones laborales. Durante el juicio se mencionaron algunas dificultades en la convivencia, relacionadas con los horarios, las exigencias del trabajo y el llanto frecuente de Matthew.

El 4 de febrero de 1997, la rutina familiar cambió por completo. Esa mañana, Deborah salió de la vivienda y dejó al bebé bajo el cuidado de la niñera. Horas más tarde, Woodward llamó al servicio de emergencias porque el niño presentaba problemas para respirar.

La muerte de Matthew y las primeras sospechas

Cuando los médicos llegaron, encontraron al pequeño inconsciente y en estado crítico. Fue trasladado al Children’s Hospital de Boston, donde los profesionales detectaron una fractura de cráneo y hemorragias intracraneales que habían provocado daños cerebrales severos.

Pese a los esfuerzos médicos, su estado no mejoró. Cinco días después, el 9 de febrero, Matthew murió luego de que sus padres aceptaran retirarle el soporte vital.

Los investigadores comenzaron a reconstruir las horas anteriores a la internación y centraron su atención en Woodward. Durante los interrogatorios, la joven habría reconocido que en algún momento fue “un poco brusca” con el bebé, aunque negó haberlo maltratado. Su explicación fue que lo sacudió suavemente al intentar reanimarlo cuando advirtió que no respondía.

Primero fue acusada de agresión y lesiones y, tras el fallecimiento del niño, quedó detenida bajo sospecha de asesinato. Posteriormente, un gran jurado formalizó la acusación por homicidio.

Dos explicaciones enfrentadas

Uno de los puntos centrales del proceso fue determinar cómo se habían producido las lesiones que terminaron con la vida de Matthew.

La fiscalía sostuvo que el bebé había sufrido el denominado síndrome del bebé sacudido, una lesión que puede ocasionar daños cerebrales y hemorragias cuando un adulto agita violentamente a un lactante. Según la acusación, Woodward habría perdido la paciencia ante el llanto del pequeño y lo habría sacudido con fuerza, además de golpear su cabeza contra una superficie dura.

La defensa rechazó esa reconstrucción. Sus abogados cuestionaron que las lesiones se hubieran producido necesariamente durante el tiempo en que Louise estuvo a cargo del niño. También plantearon la posibilidad de que existieran daños anteriores y recordaron que Matthew había sufrido una fractura en una muñeca semanas antes, durante un accidente doméstico.

La joven declaró durante el juicio y negó haber golpeado o sacudido violentamente al bebé. Insistió en que intentó ayudarlo cuando notó que algo no estaba bien.

De esta manera, el proceso quedó marcado por dos relatos incompatibles y por una discusión médica sobre el origen y la antigüedad de las lesiones.

Un juicio seguido por millones de personas

El juicio comenzó el 6 de octubre de 1997 en Cambridge, Massachusetts. Durante tres semanas, el caso ocupó la atención de los medios estadounidenses y británicos, que siguieron de cerca las declaraciones de los testigos, las pericias médicas y cada intervención de la acusada.

La opinión pública quedó dividida. En Gran Bretaña, numerosos ciudadanos respaldaron a Woodward y consideraban que una joven de apenas 19 años podía estar siendo víctima de un sistema judicial demasiado severo. En Estados Unidos, en cambio, una parte importante de la sociedad reclamaba que respondiera por la muerte del bebé.

La estrategia de la defensa también tuvo un papel determinante. Los fiscales habían solicitado que el jurado pudiera evaluar una figura penal menos grave, como el homicidio involuntario. Sin embargo, los abogados de Louise se opusieron y apostaron a conseguir una absolución si no se demostraba que había cometido asesinato.

El juez Hiller B. Zobel aceptó ese planteo. De esta manera, los integrantes del jurado debían decidir entre declararla culpable de asesinato o absolverla, sin contar con una alternativa intermedia.

La condena a prisión perpetua

El 30 de octubre de 1997 llegó el momento de conocer el veredicto. La presidenta del jurado anunció que Woodward era culpable de asesinato en segundo grado.

La reacción de la joven fue dramática: rompió en llanto, se inclinó hacia adelante y comenzó a gritar que no había hecho nada. La decisión significaba que podía pasar el resto de su vida en prisión.

Al día siguiente, el juez formalizó la condena a cadena perpetua, con la posibilidad de solicitar la libertad condicional después de cumplir quince años.

La defensa anunció que apelaría, convencida de que las pruebas médicas no alcanzaban para sostener una condena por asesinato. Lo que nadie esperaba era que el propio magistrado modificara su decisión en cuestión de días.

El giro judicial que cambió el destino de Louise

El 10 de noviembre de 1997, apenas diez días después del veredicto, el juez Zobel revisó la condena y redujo el delito de asesinato en segundo grado a homicidio involuntario.

El magistrado consideró que la conducta de la joven había estado atravesada por la inmadurez, la inexperiencia, la frustración y cierto grado de enojo, pero que no se había demostrado la malicia necesaria para mantener la calificación de asesinato.

También cuestionó que el jurado hubiera tenido que elegir únicamente entre una condena por asesinato y la absolución, sin poder considerar una figura penal menos grave.

La modificación tuvo una consecuencia inmediata: Zobel le impuso una pena de 279 días de prisión, el mismo período que Woodward llevaba detenida. Como ya había cumplido ese tiempo, ordenó su liberación.

La resolución generó reacciones opuestas. En Elton, el pueblo donde había crecido, sus seguidores celebraron la noticia. En Boston, la decisión provocó indignación entre quienes consideraban que la joven debía continuar en prisión por la muerte de Matthew.

Aunque recuperó la libertad, debió entregar su pasaporte mientras se resolvía la apelación presentada por la fiscalía.

La Justicia confirmó la liberación

La controversia llegó a la Corte Judicial Suprema de Massachusetts, que debía resolver si correspondía restablecer la condena original por asesinato.

El 16 de junio de 1998, el máximo tribunal estatal confirmó la decisión del juez Zobel por cuatro votos contra tres. Los magistrados reconocieron que el jurado había sido privado de la posibilidad de considerar el homicidio involuntario, pero entendieron que el juez tenía facultades para modificar el veredicto.

De esa manera, quedó firme la condena por homicidio involuntario y la pena de 279 días que Woodward ya había cumplido. La joven no fue absuelta ni quedó desligada de responsabilidad por la muerte del bebé, pero tampoco tuvo que cumplir los quince años que habría requerido la sentencia original para solicitar la libertad condicional.

Un acuerdo para evitar beneficios económicos

La familia Eappen también inició una demanda civil por la muerte de Matthew. Finalmente, el 29 de enero de 1999, antes de que comenzara ese proceso, los abogados alcanzaron un acuerdo.

Entre sus condiciones se estableció que Woodward no podría obtener beneficios personales por libros, entrevistas o publicaciones relacionadas con el caso. Si en algún momento recibía dinero por contar su historia, debía destinarlo a UNICEF, la organización benéfica que había elegido. Los demás términos económicos permanecieron bajo confidencialidad.

El caso dejó una profunda marca en la relación entre los medios de comunicación y los procesos judiciales, además de abrir interrogantes sobre la preparación y las responsabilidades de quienes trabajan en el cuidado de niños pequeños.

Louise Woodward regresó a Inglaterra después de que la Justicia confirmara la reducción de su condena. Su historia quedó asociada a uno de los juicios más controvertidos de los años noventa, con un desenlace que dividió a dos países y mantuvo abiertas las discusiones sobre las pruebas, la responsabilidad penal y los límites de la justicia.

Para la familia Eappen, sin embargo, ninguna resolución judicial podía cambiar el desenlace más doloroso: la muerte de Matthew, un bebé de apenas ocho meses.