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Fueron monjas, dejaron el convento y terminaron casándose tras una historia de amor inesperada

Francilia Costa y Luiza Silvério se conocieron mientras se preparaban para consagrar su vida a la religión. Lo que comenzó con diferencias y desencuentros terminó transformándose en una profunda amistad y una historia de amor.

Lo que parecía imposible terminó convirtiéndose en una historia que hoy recorre el mundo. Francilia Costa y Luiza Silvério ingresaron a la vida religiosa con la convicción de dedicar su existencia a Dios, sin imaginar que el destino terminaría uniéndolas de una manera completamente diferente.

Ambas se conocieron en 2019 dentro de un convento brasileño, donde transitaban la etapa de formación como novicias. En aquel entonces, las diferencias entre ellas parecían más evidentes que cualquier punto en común. Francilia, de carácter extrovertido y alegre, contrastaba con la personalidad más reservada de Luiza, quien buscaba en la religión respuestas a inquietudes que arrastraba desde la adolescencia.

Los primeros encuentros estuvieron lejos de la simpatía. Según reconocen hoy entre risas, al comienzo no lograban llevarse bien. Sin embargo, el paso del tiempo fue derribando prejuicios y construyendo una amistad cada vez más sólida.

Durante 2020 se volvieron inseparables. Compartían largas conversaciones, rutinas dentro del convento y hasta una particular coincidencia: ambas descubrieron que padecían celiaquía, situación que las obligó a modificar su alimentación y reforzó aún más el vínculo que comenzaba a crecer entre ellas.

Pero la vida dentro del convento también trajo momentos difíciles. Luiza sufrió la pérdida de su abuela y comenzó a atravesar episodios de ansiedad y depresión que terminaron llevándola a abandonar la vida religiosa para priorizar su salud mental. Poco tiempo después, Francilia también enfrentó crisis de pánico y tomó la misma decisión.

Ya fuera del convento, las dos tuvieron que comenzar prácticamente desde cero. Buscar trabajo, adaptarse a una nueva rutina y reconstruir proyectos personales. Como ninguna podía afrontar sola los gastos, decidieron compartir vivienda. En ese momento seguían considerándose simplemente grandes amigas.

La situación cambió tiempo después, durante una noche aparentemente común. Sentadas en el sillón de su departamento, vieron juntas una película romántica que terminó despertando sentimientos que hasta entonces permanecían ocultos. Francilia comprendió que se había enamorado de Luiza y decidió sincerarse.

La respuesta llegó de manera inmediata y cambió sus vidas para siempre. El primer beso marcó el inicio de una relación que ambas enfrentaron con temor, debido al peso de su formación religiosa y a los cuestionamientos internos que debieron atravesar.

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Sin embargo, optaron por no esconder lo que sentían. Convencidas de que el amor no debía convertirse en motivo de culpa, comenzaron una relación formal en 2023.

Dos años más tarde, en octubre de 2025, decidieron dar un paso más y casarse por civil en una ceremonia al aire libre. La celebración tuvo una fuerte impronta espiritual y contó con símbolos religiosos que reflejaban una realidad que ambas sostienen hasta el día de hoy: nunca perdieron la fe.

Lejos de alejarse completamente de la religión, encontraron una nueva manera de vivirla. Actualmente participan en espacios de acompañamiento destinados a personas LGBTQ+ que buscan mantener su vida espiritual dentro del catolicismo, brindando contención a quienes atraviesan conflictos similares a los que ellas vivieron.

Hoy Francilia trabaja en marketing digital y Luiza estudia psicología mientras desarrolla su actividad laboral en el sector inmobiliario. Juntas comparten proyectos, construyen una comunidad en redes sociales y sueñan con agrandar la familia en un futuro cercano.

A pesar de los cambios que marcaron sus vidas, ambas coinciden en una frase que resume toda su historia: jamás sintieron que debían elegir entre el amor y la fe. Por el contrario, aseguran que encontraron en ambos el camino para ser felices. Y cuando les preguntan cómo comenzó todo, responden con una sonrisa y una certeza que ya se volvió parte de su identidad: "Nuestro Cupido fue Dios".

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