El 5 de agosto de 2010, un gigantesco derrumbe sacudió la mina San José, ubicada a unos 45 kilómetros de Copiapó, en la Región de Atacama, al norte de Chile.
En ese momento, 33 mineros realizaban sus tareas habituales cuando una enorme masa de roca bloqueó completamente la única salida del yacimiento, dejándolos atrapados a unos 700 metros bajo tierra.
Las primeras horas fueron de enorme incertidumbre. Las autoridades desconocían si había sobrevivientes y las condiciones del derrumbe hacían temer el peor desenlace.
Diecisiete días sin respuestas
Durante más de dos semanas, equipos de rescate perforaron distintos sectores de la montaña con la esperanza de encontrar señales de vida.
Mientras tanto, los mineros sobrevivían en un refugio de emergencia de apenas 50 metros cuadrados, administrando las escasas provisiones de alimentos y agua.
Cada hombre recibía una mínima ración de comida cada dos días, mientras intentaban mantener la calma y la organización para resistir el aislamiento.
El mensaje que emocionó al planeta
El 22 de agosto, diecisiete días después del accidente, una de las perforaciones logró llegar hasta el refugio.
Cuando la sonda regresó a la superficie llevaba adherida una nota escrita por los propios trabajadores.
La frase decía:
"Estamos bien en el refugio los 33".
Esas cinco palabras recorrieron el mundo y cambiaron el rumbo de la operación. Desde ese momento, el objetivo dejó de ser la búsqueda para convertirse en uno de los rescates más complejos de la historia.
Una operación inédita
El Gobierno chileno reunió a especialistas nacionales e internacionales para diseñar un plan que permitiera extraer a los mineros con vida.
Ingenieros, geólogos, médicos, rescatistas y expertos de distintos países trabajaron en conjunto para desarrollar tres sistemas de perforación simultáneos, conocidos como Plan A, Plan B y Plan C.
Finalmente, el Plan B consiguió perforar un conducto de más de 600 metros de profundidad que permitió iniciar el rescate.
La cápsula Fénix
Para sacar a los trabajadores se construyó una cápsula especialmente diseñada para la operación, bautizada Fénix.
El dispositivo, de poco más de cuatro metros de largo y apenas 54 centímetros de diámetro, contaba con oxígeno, comunicaciones, iluminación y múltiples sistemas de seguridad.
Cada viaje desde las profundidades hasta la superficie demandaba alrededor de veinte minutos.
El rescate que mantuvo al mundo en vilo
La noche del 12 de octubre de 2010 comenzó el operativo de extracción.
Millones de personas siguieron la transmisión en directo desde distintos países, mientras uno a uno los mineros emergían entre aplausos, lágrimas y abrazos.
El primero en salir fue Florencio Ávalos, mientras que el último fue Luis Urzúa, jefe del grupo, quien permaneció bajo tierra hasta asegurarse de que todos sus compañeros hubieran sido rescatados.
La operación concluyó con éxito el 13 de octubre, luego de casi 22 horas ininterrumpidas de trabajo.
Imágenes del rescate del primer minero, Florencio Ávalos.
Organización para sobrevivir
Durante los 69 días de encierro, la disciplina fue determinante.
Los mineros establecieron turnos para dormir, limpiar el refugio, distribuir los alimentos y mantener el orden, además de recibir apoyo psicológico permanente desde la superficie mediante comunicaciones y videoconferencias.
Su capacidad de organización fue posteriormente estudiada como un ejemplo de liderazgo y trabajo en equipo en situaciones extremas.
Un impacto que trascendió fronteras
El rescate fue seguido por más de mil millones de personas en todo el mundo y cubierto por miles de periodistas internacionales.
Además de convertirse en un símbolo de esperanza y resiliencia, el episodio impulsó una profunda revisión de las normas de seguridad minera en Chile y abrió un debate sobre las condiciones laborales en este tipo de explotaciones.
La historia también llegó al cine con la película "Los 33", estrenada en 2015, protagonizada por Antonio Banderas y un elenco internacional que recreó uno de los rescates más extraordinarios de la historia moderna.
Un ejemplo de esperanza
A más de una década de aquel episodio, el rescate de los 33 mineros sigue siendo recordado como una demostración de que la cooperación, la ciencia, la planificación y la fortaleza humana pueden superar incluso las circunstancias más adversas. Lo que comenzó como una tragedia en las profundidades del desierto de Atacama terminó convirtiéndose en una historia que inspiró al mundo entero.
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