Pocas construcciones son tan representativas de la Argentina como el Obelisco de Buenos Aires. Ubicado en el cruce de la avenida 9 de Julio y la avenida Corrientes, este monumento de 67,5 metros de altura es mucho más que una obra arquitectónica: es el escenario de celebraciones deportivas, manifestaciones sociales, actos culturales y uno de los sitios más fotografiados del país.
Aunque hoy resulta imposible imaginar el paisaje porteño sin su presencia, cuando fue inaugurado despertó fuertes críticas y hasta hubo proyectos para demolerlo. Sin embargo, con el paso de las décadas terminó convirtiéndose en el emblema indiscutido de la Ciudad de Buenos Aires.
Un monumento para celebrar los 400 años de la ciudad
El Obelisco fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 como parte de los festejos por el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires, realizada por el conquistador español Pedro de Mendoza en 1536.
La obra fue impulsada por el entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre y diseñada por el reconocido arquitecto argentino Alberto Prebisch, uno de los principales exponentes de la arquitectura moderna en el país.
La construcción estuvo a cargo de una empresa alemana y demandó apenas 31 días, un tiempo sorprendentemente breve para una estructura de semejantes dimensiones.
El lugar donde nació la bandera argentina en Buenos Aires
El sitio elegido para levantar el Obelisco también tiene un profundo significado histórico.
En ese lugar se encontraba la iglesia de San Nicolás de Bari, demolida para abrir paso a la ampliación de la avenida 9 de Julio.
Según la tradición histórica, en la torre de esa iglesia fue izada por primera vez la bandera argentina en la ciudad de Buenos Aires en 1812, pocos meses después de su creación por Manuel Belgrano.
Por ese motivo, una de las caras del monumento recuerda aquel acontecimiento mediante una inscripción conmemorativa.
Una obra que generó polémica
Lejos de recibir una aceptación unánime, el Obelisco fue cuestionado desde el momento de su inauguración.
Algunos sectores consideraban que rompía con la estética tradicional de la ciudad, mientras que otros criticaban el gasto económico que había representado.
Incluso, pocos años después de su construcción, el Concejo Deliberante aprobó un proyecto para demolerlo por razones estéticas y de seguridad.
La iniciativa nunca prosperó gracias al veto del entonces intendente, permitiendo que el monumento permaneciera en pie.
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El gran punto de encuentro de los argentinos
Con el paso del tiempo, el Obelisco dejó de ser simplemente una obra arquitectónica para convertirse en el principal punto de reunión de los porteños.
Allí se celebran los títulos obtenidos por la Selección argentina, los campeonatos de los clubes de fútbol, los festejos de Año Nuevo y distintos acontecimientos culturales.
También ha sido escenario de movilizaciones políticas, marchas sociales, homenajes y reclamos ciudadanos que marcaron distintas etapas de la historia nacional.
Un ícono internacional
Gracias a su ubicación estratégica y a su diseño inconfundible, el Obelisco se transformó en una de las imágenes más reconocidas de Sudamérica.
Millones de turistas lo visitan cada año y aparece de forma permanente en películas, documentales, campañas publicitarias y transmisiones televisivas internacionales.
Su silueta es utilizada como representación visual de Buenos Aires del mismo modo que la Torre Eiffel identifica a París o la Estatua de la Libertad simboliza a Nueva York.
Curiosidades del monumento
El Obelisco está construido principalmente con hormigón armado y revestido con piedra calcárea blanca.
Tiene una altura de 67,5 metros y en su interior alberga una escalera de 206 escalones que conduce hasta una pequeña abertura ubicada en la cúspide.
Aunque normalmente permanece cerrado al público, en ocasiones especiales se habilitan visitas guiadas para recorrer su interior.
A lo largo de los años fue intervenido artísticamente en numerosas oportunidades, con instalaciones temporales, iluminación especial y decoraciones alusivas a fechas patrias, campañas de concientización y celebraciones deportivas.
Mucho más que un monumento
El verdadero valor del Obelisco no reside únicamente en su arquitectura, sino en lo que representa para millones de argentinos.
Es el lugar donde se expresan las mayores alegrías colectivas, donde confluyen las manifestaciones más importantes y donde la sociedad celebra, reclama o recuerda momentos decisivos de su historia.
Desde su inauguración en 1936 hasta la actualidad, el Obelisco ha sido testigo privilegiado de transformaciones políticas, culturales y deportivas que marcaron al país.
Más de ocho décadas después de su construcción, continúa siendo el corazón simbólico de Buenos Aires y uno de los monumentos más emblemáticos de la Argentina, un punto de encuentro que resume la identidad, la historia y el espíritu de una ciudad en permanente movimiento.