Yiya Murano nació el 19 de mayo de 1930 en Buenos Aires. Durante gran parte de su vida cultivó una imagen de mujer elegante, refinada y perteneciente a un círculo social acomodado.
Era conocida por frecuentar reuniones sociales y por mantener una vida aparentemente tranquila, aunque con el paso del tiempo comenzaron a surgir problemas económicos que ocultaba a quienes la rodeaban.
Para sostener su estilo de vida, solicitaba préstamos de dinero a familiares, amigos y conocidas, prometiendo devolverlos en poco tiempo con intereses.
El origen del conflicto
A finales de la década de 1970, las deudas comenzaron a acumularse.
Varias mujeres que le habían prestado importantes sumas de dinero empezaron a reclamar la devolución de esos préstamos.
Según estableció posteriormente la Justicia, Murano decidió eliminar a algunas de sus acreedoras para evitar tener que devolver el dinero.
Las víctimas
Entre 1979 y 1980, tres mujeres fallecieron en circunstancias similares:
Nilda Sansone. Lelia Formisano de Ayala. Carmen Zulema del Giorgio de Venturini.
Todas habían mantenido vínculos económicos con Murano y murieron poco después de consumir alimentos que ella les había entregado.
Las investigaciones determinaron que habían ingerido masas finas contaminadas con cianuro, un veneno de acción extremadamente rápida.
La investigación
En un principio, las muertes fueron consideradas casos aislados.
Sin embargo, las similitudes comenzaron a despertar sospechas.
Los investigadores advirtieron que las tres víctimas conocían a Yiya Murano, le habían prestado dinero y habían fallecido en un corto período de tiempo.
La Justicia ordenó nuevas pericias toxicológicas y logró establecer la presencia de cianuro en los cuerpos.
Ese hallazgo cambió por completo el rumbo de la investigación.
La detención
Murano fue detenida en 1980.
Durante el proceso judicial negó todas las acusaciones y sostuvo su inocencia.
No obstante, el cúmulo de pruebas, los testimonios y los informes periciales llevaron a los jueces a considerarla responsable de los homicidios.
La condena
En 1985, la Justicia la condenó a prisión perpetua por el asesinato de las tres mujeres.
El caso tuvo una enorme repercusión mediática y fue seguido de cerca por la opinión pública.
La imagen de las masas envenenadas quedó grabada en el imaginario colectivo argentino y convirtió a Yiya Murano en una de las criminales más conocidas del país.
La vida en prisión
Murano permaneció varios años detenida.
Durante ese período concedió entrevistas y mantuvo una actitud desafiante frente a los medios de comunicación.
En reiteradas ocasiones insistió en que era inocente y sostuvo que había sido víctima de una condena injusta.
La libertad
Tras cumplir parte de la pena y acceder a los beneficios previstos por la legislación vigente, recuperó la libertad.
Su salida volvió a generar un fuerte debate social debido a la gravedad de los delitos por los que había sido condenada.
Una figura mediática
Lejos de alejarse de la exposición pública, Yiya Murano participó en numerosos programas de televisión y radio.
Con el paso de los años se transformó en un personaje mediático, donde hablaba sobre su vida, respondía preguntas sobre el caso e incluso realizaba comentarios sobre hechos policiales de actualidad.
Su presencia en los medios generó polémica y fuertes críticas por parte de familiares de las víctimas y de distintos sectores de la sociedad.
El fallecimiento
Yiya Murano falleció el 26 de abril de 2014, a los 83 años, en Buenos Aires.
Hasta sus últimos días continuó negando haber cometido los asesinatos por los que había sido condenada.
El legado de un caso que marcó una época
El caso de Yiya Murano se convirtió en uno de los expedientes criminales más impactantes de la historia judicial argentina.
La combinación de una mujer perteneciente a la alta sociedad, un móvil económico y un método de asesinato poco habitual provocó una enorme conmoción pública.
Con el paso del tiempo, su historia inspiró documentales, libros, investigaciones periodísticas y producciones audiovisuales que reconstruyeron los hechos desde distintas perspectivas.
¿Por qué sigue siendo un caso recordado?
Más de cuatro décadas después, el nombre de Yiya Murano continúa asociado a uno de los crímenes más resonantes del país.
Su historia reúne elementos que mantienen vigente el interés: una personalidad enigmática, un caso policial complejo, una extensa cobertura mediática y una condena que marcó un precedente en la justicia argentina.
Por todo ello, la llamada "Envenenadora de Monserrat" permanece como una de las figuras más controvertidas y recordadas de la crónica policial nacional.