En Santiago del Estero, donde el calor y el ritmo tranquilo de la ciudad marcan la vida cotidiana, la siesta es para muchos parte de la identidad cultural.
Dormir unos minutos después del almuerzo no solo es una costumbre arraigada, sino también una práctica que ayuda a recuperar energía, mejorar el ánimo y potenciar el rendimiento físico y mental para el resto de la jornada.
Una pausa que beneficia al cuerpo y al cerebro
Diversos estudios señalan que la siesta tiene múltiples beneficios para la salud. Cuando dormimos, el cuerpo recupera la energía utilizada durante el día y el cerebro mejora su funcionamiento.
Investigaciones de la Universidad Nacional de Singapur indican que una siesta breve puede mejorar la memoria, la concentración y el procesamiento de la información, además de favorecer la creatividad y reducir el estrés.
Incluso estudios realizados por la NASA y la Junta de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos concluyeron que una siesta de 26 minutos puede mejorar el rendimiento en un 34% y aumentar el estado de alerta en un 54%.
¿Cuánto debe durar la siesta ideal?
Los especialistas recomiendan que el descanso sea corto y en horarios adecuados para evitar que afecte el sueño nocturno.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las recomendaciones son:
Siesta corta (15 a 30 minutos): mejora el estado de ánimo y la concentración sin interferir en el descanso nocturno.
Siesta larga (90 minutos): permite completar un ciclo de sueño completo, incluida la fase REM, lo que puede ayudar a consolidar la memoria.
Siesta intermedia (40 a 60 minutos): puede provocar inercia del sueño, una sensación de aturdimiento al despertar.
Los expertos también aconsejan realizarla entre las 13 y las 15 horas, al menos ocho horas antes del horario habitual de dormir.
Una costumbre muy santiagueña
En Santiago del Estero, las altas temperaturas del mediodía y el estilo de vida más pausado hacen que la siesta sea una práctica habitual.
Para muchos santiagueños, descansar un rato después de almorzar no es solo una necesidad física, sino una tradición que forma parte de la vida diaria, permitiendo retomar las actividades con más energía, mejor ánimo y mayor concentración.