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Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia: el desafío de repensar la ciencia para que sea verdaderamente inclusiva

Especialistas advierten que no alcanza con sumar más mujeres a los equipos científicos: también es necesario revisar enfoques, metodologías y criterios de reconocimiento para avanzar hacia una producción de conocimiento más equitativa.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se conmemora hoy con el objetivo de celebrar las contribuciones de las mujeres en el ámbito científico y promover la igualdad de género como eje clave para afrontar los grandes desafíos globales.

La fecha fue establecida en 2015 mediante la Resolución 70/212 de la Asamblea General de la ONU, con la meta de garantizar el acceso y la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en la ciencia, y reducir la persistente brecha de género.

Este año, el lema elegido es: “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y el sistema financiero: construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”, según un informe difundido por la Agencia Noticias Argentinas.

Más allá de las cifras vinculadas a cargos jerárquicos, salarios y condiciones laborales, especialistas sostienen que el debate debe ir más allá e interpelar la manera en que se produce el conocimiento científico: qué preguntas se formulan, desde qué perspectivas y qué experiencias quedan fuera de análisis.

Un ejemplo reciente fue lo ocurrido tras la vacunación contra el COVID-19, cuando muchas personas menstruantes reportaron alteraciones en su ciclo sin que existieran estudios previos suficientes para explicar el fenómeno. “La ciencia no tenía respuestas claras debido a la falta de investigaciones que contemplaran esta variable”, explicó Vilda Discacciati, coordinadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Salud de la Universidad Hospital Italiano.

La falta de perspectiva de género en la investigación tiene efectos concretos: enfermedades que afectan mayoritariamente a mujeres siguen poco estudiadas; la infertilidad masculina fue históricamente subinvestigada; la anticoncepción se desarrolló casi exclusivamente sobre cuerpos gestantes; y las tareas de cuidado continúan escasamente consideradas en políticas sanitarias.

Discacciati sostuvo que “aumentar la participación de mujeres en la ciencia es necesario, pero insuficiente si no se revisan los enfoques de investigación. La perspectiva de género no depende del sexo de quien investiga, sino de la capacidad de cuestionar supuestos y ampliar variables. El sesgo es estructural y puede reproducirse incluso en equipos diversos”.

A estas desigualdades se suma la brecha salarial: en áreas STEM, las mujeres perciben ingresos menores que sus pares varones y enfrentan menor visibilidad y reconocimiento, fenómeno conocido como “efecto Matilda”. Estas condiciones no solo impactan en trayectorias individuales, sino que también influyen en qué tipo de ciencia se produce y quiénes pueden sostenerla en el tiempo.

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