Llorar al cortar cebolla es algo que le pasa a casi todos, pero ¿sabías que no es culpa de la verdura? Un estudio reciente de la Universidad de Cornell reveló que el verdadero responsable es… el cuchillo que usamos.
La investigación, liderada por el físico Sunghwan Jung y publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, explica que las lágrimas aparecen cuando se liberan sustancias irritantes al romperse las células de la cebolla. Estos compuestos azufrados se mezclan y generan un gas lacrimógeno llamado sin-propanotial-S-óxido, que llega directo a nuestros ojos.
Pero no todas las cebollas nos hacen llorar igual: la forma en que se corta la verdura marca la diferencia. Un cuchillo sin filo no corta de inmediato, sino que comprime la cebolla, acumulando presión hasta que finalmente la rompe y expulsa microgotas cargadas de compuestos irritantes a gran velocidad. En cambio, un cuchillo bien afilado atraviesa la cebolla con suavidad, liberando mucho menos gas y reduciendo las lágrimas.
Además, la técnica de corte importa: movimientos rápidos y bruscos aumentan la dispersión de estas partículas, mientras que un corte lento y controlado mantiene la irritación bajo control. Incluso el tipo de cuchillo influye: una hoja redonda o sin dientes puede multiplicar hasta 40 veces la emisión de microgotas comparado con un cuchillo afilado.
El estudio también explica por qué la cebolla pica tanto: al romperse, los compuestos azufrados se transforman en moléculas volátiles que estimulan nuestras terminaciones nerviosas, causando esa sensación de ardor en boca, nariz y ojos. La frescura de la cebolla también influye: las crudas son más picantes, mientras que al cocinarlas el calor descompone parte de los compuestos y suaviza su sabor.
En pocas palabras, la próxima vez que llores picando cebolla, no mires a la verdura: revisá tu cuchillo.