Las clínicas de fertilidad de Argentina comenzaron a detectar un cambio cada vez más marcado en las consultas que reciben. Mientras disminuyen los casos de personas que buscan ampliar su familia con un segundo hijo, aumentan las consultas de quienes intentan concretar su primera experiencia de maternidad o paternidad a edades más avanzadas.
Especialistas en medicina reproductiva sostienen que se trata de una transformación que acompaña la caída de los nacimientos registrada en el país durante los últimos años y que refleja cambios profundos en la manera de planificar la vida familiar.
Según explican los profesionales, la tendencia no apareció de manera repentina, sino que se consolidó progresivamente a medida que crecieron la postergación de la maternidad y la paternidad, la búsqueda de estabilidad económica y la priorización de proyectos personales y laborales.
Un cambio que se observa en los consultorios
Los especialistas coinciden en que hace una década era habitual recibir consultas de parejas que, tras haber tenido un primer hijo, buscaban agrandar la familia. Sin embargo, ese escenario comenzó a modificarse con el paso del tiempo.
Actualmente predominan las consultas de personas que desean lograr un primer embarazo luego de haber postergado durante años esa decisión por motivos laborales, económicos, académicos o personales.
Desde los centros de fertilidad aseguran que el segundo hijo dejó de ser un paso casi automático dentro del proyecto familiar, como ocurría en generaciones anteriores, y pasó a convertirse en una decisión que requiere una evaluación mucho más cuidadosa.
La economía influye, pero no es la única razón
La incertidumbre económica aparece entre los motivos más frecuentes que expresan quienes consultan sobre planificación familiar. Los costos de crianza, la estabilidad laboral y las dificultades para proyectar a largo plazo son factores que pesan especialmente en los sectores medios.
Sin embargo, los expertos advierten que el fenómeno va más allá de las cuestiones financieras. También está relacionado con una nueva forma de construir la familia y con la decisión de retrasar la llegada de los hijos.
En muchos casos, las personas llegan a la búsqueda de un primer embarazo cerca de los 38 o 40 años, una etapa en la que el margen biológico para pensar en una nueva gestación se reduce considerablemente.
La maternidad llega cada vez más tarde
Uno de los datos que más preocupa a los especialistas es el aumento de la edad promedio de consulta para lograr un embarazo.
Mientras años atrás la mayoría de las personas comenzaba esa búsqueda alrededor de los 33 años, actualmente las consultas suelen producirse entre los 37 y los 38 años.
Este retraso no solo disminuye las posibilidades de concepción natural, sino que también limita la posibilidad de proyectar una familia más numerosa.
Además, crecen los tratamientos que requieren óvulos donados debido a la reducción de la reserva ovárica asociada al paso del tiempo.
Aumentan las consultas para congelar óvulos
En paralelo con la baja de nacimientos, las clínicas registran un fuerte incremento de mujeres interesadas en preservar su fertilidad mediante la vitrificación de óvulos.
La técnica permite conservar células reproductivas en condiciones óptimas para utilizarlas en el futuro, brindando mayor flexibilidad a quienes aún no desean iniciar un proyecto de maternidad.
Los especialistas consideran que esta tendencia refleja los cambios sociales y laborales de las nuevas generaciones, que buscan contar con más herramientas para decidir cuándo formar una familia.
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Un desafío que trasciende la medicina
La disminución de los nacimientos y el cambio en la estructura familiar ya no son temas que preocupan únicamente a los especialistas en fertilidad. También generan interrogantes sobre el futuro demográfico y económico del país.
Los expertos advierten que la baja sostenida de la natalidad podría tener consecuencias significativas en las próximas décadas, modificando la composición de la población y planteando nuevos desafíos para el sistema productivo y social.
Mientras tanto, los consultorios continúan reflejando una realidad cada vez más visible: las familias argentinas son más pequeñas, la llegada de los hijos se posterga y el segundo embarazo deja de ser una meta tan frecuente como lo fue para generaciones anteriores.
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