Por Dalton Sayago
Santiago del Estero respira folclore, pero también crea, resiste y se reinventa desde otros sonidos. Así quedó reflejado en las entrevistas especiales por el Día del Músico que realizó en El Multimedio, un espacio pensado no solo para entrevistar, sino para escuchar historias, trayectorias y miradas sobre el presente musical de la provincia.
El encuentro reunió a músicos de distintas generaciones y estilos, en un diálogo que dejó en evidencia que, más allá de las etiquetas, la música sigue siendo una forma de vida.
Charly Leal: rock, identidad y militancia cultural
Referente del rock santiagueño, Carlos “Charly” Leal abrió la conversación con una definición simple y profunda: “La música es una forma de vida”. No como consigna, sino como experiencia cotidiana: levantarse pensando en canciones, encontrar inspiración en lo diario y entender el arte como un modo de estar en el mundo.
Hijo de un DJ y atravesado desde siempre por la tecnología, Charly relató cómo sus primeros acercamientos musicales convivieron con computadoras, playlists y letras que marcaron generaciones. En una provincia donde el folclore es dominante, reconoció que hacer rock implica “meterse en camisa de once balas”, pero también sostuvo que siempre hay un espacio para mostrarse.
Además de su faceta artística, Charly destacó su compromiso con la militancia musical, a través de la Asociación de Músicos Independientes, trabajando por derechos, espacios y oportunidades, y resaltó la importancia de políticas culturales como los fomentos del INAMU.
El mensaje final fue directo y honesto para quienes recién empiezan: “No bajen los brazos. El camino es difícil, pero hay que seguir”.
Nahir: música urbana desde el interior al escenario provincial
Desde otra vereda sonora, pero con la misma pasión, Nahir, músico y productor de música urbana, aportó la mirada de una generación que encontró en el hip hop, el trap y el freestyle una forma de expresión genuina. Para él, la música es felicidad, refugio y pausa del tiempo. “Cuando hago música, el tiempo se detiene”, explicó, marcando una diferencia clara entre vivir la música y simplemente consumirla.
La guaracha: un género que avanza y se revaloriza
Para quienes hacen música tropical en Santiago del Estero, el arte no empieza ni termina en el escenario. Está en la casa, en una guitarra apoyada en una silla, en una reunión familiar que se vuelve canción. Así lo expresaron los integrantes de Por Siempre Quinteto, quienes coincidieron en que la música no es solo un trabajo: es una manera de vivir.
“Un fin de semana sin música es raro”, señaló Sebastián Vega, dejando en claro que el vínculo con el sonido popular atraviesa la vida diaria. En esa misma línea, Alberto Raúl Espíndola fue contundente: “El ser humano no podría vivir sin música”, una frase que resume décadas de trayectoria y experiencia.
Los recuerdos se poblaron de referencias inevitables: Jorge Véliz, Huguito Flores, koli Arce, artistas con los que compartió momentos clave y que hoy forman parte de la memoria emocional del público. “Cantar esas canciones y ver cómo la gente se emociona es algo muy lindo”, expresó, destacando el valor de mantener vivo ese legado.
Desde Por Siempre Quinteto señalaron que este proceso no es individual, sino colectivo: distintos grupos y referentes vienen empujando para que la música tropical santiagueña tenga el lugar que merece, abriendo puertas a nuevas generaciones que comienzan a dar sus primeros pasos.
Para Espíndola, la clave está en seguir creando: “Buenas intros, buen contenido, buenas obras. Eso es mantener viva la guaracha”.
Súpper de Oro y el pulso del interior
La mirada desde el punto de vista tropical se completó con la palabra de Pablo Hube y Hugo Ruiz, integrantes de Súpper de Oro, una agrupación con más de dos décadas de trayectoria. Ambos destacaron el vínculo especial con el interior de Santiago del Estero, donde cada baile se vive como una verdadera celebración.
"La música lo es todo para nosotros", señalaron a Nuevo Diario.
También recordaron con emoción los años compartidos con Huguito Flores, acompañando su crecimiento artístico y humano, y resaltaron su incansable búsqueda del éxito como motor creativo.
"Nos quedan recuerdos, melodías y 15 años de amor profundo", afirmaron recordándolo al artista.
“Hay que tomarlo en serio, con respeto por los colegas y por los que hicieron que esta música esté donde está”, señalaron, marcando una línea de continuidad entre pasado, presente y futuro.
Folclore en familia: Descendencia y el legado musical que se hereda en Santiago
Al último, recibimos al grupo "Descendencia", integrado por un padre y sus hijos. Para Martín López, después de años de recorrer escenarios junto a distintos referentes, el presente tiene un sentido claro y profundo: “Hoy estoy donde quiero estar”. Y ese lugar no es otro que el escenario compartido con sus hijos, haciendo la música que sienten propia.
Santiago continúa sus estudios musicales en Córdoba, el otro sigue perfeccionándose, y todo ese recorrido académico y personal se refleja en el proyecto, donde la técnica convive con la emoción.
Cuando se les preguntó por el primer acercamiento a la música a sus hijos, la respuesta fue casi inevitable: la familia. En la casa de los López siempre se cantó. Padres, tíos, primos, reuniones familiares que se transformaban en coros espontáneos, discos girando una y otra vez, y canciones que aún hoy conocen de memoria, en el mismo orden en que sonaban en aquellos viajes interminables.
Desde la infancia —incluso antes, como dijeron con una sonrisa— la música fue parte del aire que respiraban. El folclore, la trova, el canto comunitario y la experiencia coral marcaron un camino que, con el tiempo, se volvió elección consciente.
Para Santiago, el más joven del grupo, Descendencia representa un proceso natural: estudiar música, compartirla en familia y llevarla al escenario con respeto y curiosidad. Desde la secundaria, las horas fuera del aula tocando con compañeros, el encuentro con grandes músicos y la apertura a nuevos sonidos fueron construyendo una identidad propia.
Uno de los rasgos que define al grupo es su repertorio: no solo composiciones propias, sino también la recuperación de obras que quedaron fuera del circuito masivo, pero que conservan un enorme valor artístico. Canciones que vuelven a sonar y que recuperan memoria, sensibilidad y profundidad.
El proyecto se completa con la participación de otros músicos fundamentales, en un ida y vuelta creativo donde la música se piensa, se estudia y se siente.
Cuando la charla giró hacia el sentido social de la música, Martín fue claro: en su familia se respira música desde que amanece hasta que termina el día. Radio, discos, composición, ensayo, grabación, planificación. Todo gira en torno a seguir creando.
Pero también subrayó algo esencial: la música no se hace solo para uno mismo. “Hacemos música para la gente”, afirmó, destacando la responsabilidad y el respeto que implica subirse a un escenario, especialmente en una provincia y en barrios donde el canto popular forma parte de la identidad colectiva.
En esos barrios cargados de historia musical, especialmente de donde provienen los López, el barrio Ejército Argentino, donde siempre hubo voces, guitarras y encuentros, Descendencia encuentra sentido y pertenencia.
El amor como motor
Lejos de romantizar el camino, Martín lo dijo sin rodeos: la música no siempre pasa por lo económico. El motor verdadero es el amor por el arte, el respeto por la propuesta y la convicción de que ese ida y vuelta con el público es lo que justifica cada esfuerzo.
Vivir de la música es un deseo legítimo, pero hacerla con honestidad y compromiso es, para Descendencia, como para el 99% de los músicos santiagueños, una certeza irrenunciable.
Santiago no solo respira aire limpio, patios regados con familias materas, reposeras en las veredas, lapachos rosados y atardeceres que enamoran. Santiago es la certeza de con el arte se nace y se hace, es el gentilicio de todas las personas que visitaron El Multimedio y que se admiran de ser músicos, sí, pero más que nada de ser músicos santiagueños.