Con la llegada de las bajas temperaturas, las frazadas vuelven a ser protagonistas dentro del hogar. Pero también aparece una tarea que muchos postergan o realizan sin prestar demasiada atención: el lavado.
Aunque parezca una tarea sencilla, un solo error puede hacer que una frazada pierda volumen, se deforme o deje de abrigar como antes.
El error más frecuente
Uno de los problemas más comunes consiste en utilizar agua demasiado caliente o programas de lavado muy agresivos.
Muchas fibras sintéticas y rellenos internos pueden apelmazarse cuando se someten a altas temperaturas, lo que reduce considerablemente su capacidad para conservar el calor.
En otros casos, el centrifugado excesivo termina deformando la prenda y acortando su vida útil.
Cómo lavarlas correctamente
Los especialistas recomiendan revisar siempre la etiqueta del fabricante antes de iniciar el lavado.
En términos generales, aconsejan:
- utilizar agua fría o tibia;
- emplear detergentes suaves;
- evitar el exceso de suavizante;
- seleccionar programas delicados;
- no sobrecargar el lavarropas.
El secado también es importante
Otro error habitual consiste en guardar la frazada cuando todavía conserva humedad.
Esto favorece la aparición de malos olores, hongos e incluso manchas difíciles de eliminar.
Siempre que sea posible, conviene secarlas completamente al aire libre o utilizar secadoras únicamente si el fabricante lo permite.
Un cuidado que permite ahorrar dinero
Las frazadas y acolchados representan una inversión importante para muchas familias.
Con algunos cuidados simples durante el lavado es posible prolongar su vida útil durante varios inviernos, mantener su capacidad de abrigo y evitar gastos innecesarios en reemplazos antes de tiempo.