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El País

Tuvo un ACV a los 18 años, el pronóstico era crítico y logró recuperarse: la historia que conmovió a Tucumán

Mientras permanecía internado, sus compañeros de colegio realizaron una peregrinación con la imagen de María Auxiliadora para pedir por su salud. Meses después, el joven pudo graduarse y celebrar junto a sus amigos.

La historia de Felipe Córdoba, un joven de 18 años de la provincia de Tucumán, conmovió a toda su comunidad luego de atravesar un grave accidente cerebrovascular que puso en riesgo su vida y del que logró recuperarse contra todo pronóstico.

El episodio ocurrió hace algunos meses, cuando el adolescente sufrió el ACV y debió ser internado en estado delicado. Según relataron sus familiares, durante los primeros días el panorama médico era complejo y la evolución resultaba incierta.

Mientras el equipo médico trabajaba para estabilizarlo, familiares, amigos y compañeros de colegio comenzaron a acompañar la situación con gestos de fe y apoyo. Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando un grupo de estudiantes decidió salir a las calles de la provincia con la imagen de María Auxiliadora para realizar una peregrinación y pedir por la recuperación del joven.

La iniciativa no formó parte de una actividad institucional del colegio, sino que surgió de manera espontánea entre los propios alumnos, quienes recorrieron distintos sectores de la ciudad rezando por la salud de su compañero.

Con el paso de las semanas, Felipe comenzó a mostrar signos de mejoría y lentamente fue recuperando el control de su cuerpo. Aunque el proceso de rehabilitación fue largo y exigente, el joven logró avanzar hasta retomar parte de su rutina.

El momento más emotivo llegó meses después, durante el acto de colación de su promoción. Cuando su nombre fue anunciado para recibir el diploma, el salón estalló en aplausos y ovaciones.

Sus compañeros, los mismos que habían participado de la peregrinación durante su internación, celebraron con emoción el regreso del joven a la vida cotidiana y a las aulas.

Para su familia, aquel momento representó mucho más que la entrega de un título secundario: fue el símbolo de una recuperación que, tiempo atrás, parecía imposible.

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