Lo que empezó como un empleo en la sección de fiambrería de un supermercado terminó convirtiéndose en una historia de amor que desafió estereotipos. Maite Ortega, vecina de San Pedro, tenía poco más de 20 años cuando ingresó a trabajar en el comercio administrado por Zhang, un ciudadano chino radicado en Argentina desde hace una década.
En un principio, el vínculo fue estrictamente profesional. Sin embargo, según relató la joven, hubo señales que le llamaron la atención desde el primer día. Asegura que, cuando fue contratada, su jefe mejoró el salario ofrecido en reiteradas oportunidades durante la misma jornada.
Con el correr de los meses, la relación fue cambiando. Zhang —a quien ella llama “Sam”— comenzó a mostrarse atento y detallista. Maite recuerda que, en fechas especiales como Navidad, le permitió decorar el sector y poco después recibió un mensaje suyo alentándola a dejar el espacio “impecable”. A partir de allí comenzaron los intercambios más personales.
Flores, chocolates y pequeños obsequios aparecían con frecuencia en su lugar de trabajo. Pero, más allá de los regalos, ella destaca la contención emocional que él le brindaba. “Siempre estaba pendiente de cómo me sentía”, contó en una entrevista, donde también remarcó que nunca imaginó enamorarse de alguien de otra cultura.
La relación se formalizó tras cuatro meses compartiendo el ámbito laboral. Con el tiempo, Maite dejó su puesto en el supermercado y la pareja consolidó su proyecto de vida en común. Hoy tienen un hijo y planean viajar a China para que ella conozca el país de origen de su compañero.
Su historia se volvió viral luego de que la joven compartiera detalles íntimos y reflexiones sobre la convivencia intercultural, despertando todo tipo de comentarios en redes sociales. Más allá de las opiniones, la pareja asegura que construyó su vínculo sobre el respeto, la atención mutua y el deseo de formar una familia sin fronteras.