La Fuerza Aérea Argentina confirmó el retiro definitivo de los aviones A-4AR Fightinghawk, poniendo fin a casi seis décadas de servicio de una de las aeronaves más emblemáticas de la defensa nacional.
La decisión se enmarca dentro del proceso de modernización de la flota militar, que incluye la reciente incorporación de cazas F-16, destinados a reemplazar gradualmente al histórico sistema de armas.
El anuncio se produjo poco después del accidente aéreo que provocó la muerte del capitán Mauro Testa Larrosa, hecho que volvió a poner en debate el estado operativo de las aeronaves más antiguas.
Los A-4AR fueron durante décadas una pieza central de la capacidad defensiva argentina. Sus primeras versiones llegaron al país en 1966, adquiridas a Estados Unidos, y posteriormente distintas variantes fueron utilizadas tanto por la Fuerza Aérea como por la Armada, incluyendo su participación en la guerra de Malvinas.
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En la década del ‘90, Argentina incorporó unidades modernizadas con sistemas más avanzados, aunque con el paso del tiempo las dificultades logísticas, la falta de repuestos y limitaciones tecnológicas complicaron su sostenimiento operativo.
Especialistas en defensa señalaron que la ausencia de un paquete logístico integral y la imposibilidad de incorporar plenamente armamento moderno redujeron el potencial del sistema.
Durante años, especialmente tras la baja de los Mirage III en 2015, los A-4AR quedaron como principal recurso de defensa aérea del país, pese a sus limitaciones.
Con la llegada de los F-16, Argentina busca fortalecer significativamente su capacidad militar, modernizar su estructura aérea y completar la transición hacia el nuevo sistema de combate para 2029.
Actualmente, pilotos argentinos ya realizan entrenamientos en Estados Unidos para operar las nuevas aeronaves, marcando el inicio de una nueva etapa para la aviación militar nacional.