El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus peores momentos de las últimas décadas. Impulsado por la fuerte suba de precios, la menor oferta de hacienda y el crecimiento sostenido de las exportaciones, el consumo interno cayó a niveles históricos y encendió la preocupación tanto en el sector ganadero como entre los consumidores.
Según datos difundidos por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), entre enero y marzo de este año se consumieron 512.800 toneladas de carne vacuna, lo que representa una caída del 10% en comparación con el mismo período de 2025.
La baja también se refleja en el consumo por habitante, que descendió a 47,3 kilos anuales, el nivel más bajo registrado en más de 20 años. Incluso, consultores privados del sector estiman que el indicador podría seguir cayendo y ubicarse entre 43 y 44 kilos por persona hacia fin de año.
Uno de los principales factores que explican esta situación es la reducción de la faena. Durante abril se faenaron 960.900 cabezas de ganado, un 15,3% menos que en el mismo mes del año pasado, lo que generó una oferta más limitada en el mercado interno.
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A esto se suma el crecimiento de las exportaciones, especialmente hacia China, que continúa siendo el principal comprador de carne argentina. En el primer cuatrimestre de 2026 las ventas al exterior alcanzaron las 211.300 toneladas y generaron ingresos por 1.399 millones de dólares.
Mientras tanto, en las carnicerías el impacto ya se siente con fuerza. En marzo, el precio de la carne vacuna aumentó un 10,6% en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y acumuló una suba interanual del 68,6%. El kilo promedio llegó a costar $18.564.
Entre los cortes que más aumentaron figuran la picada común, la carnaza y la falda, productos históricamente elegidos por sectores populares. Frente a este escenario, muchas familias comenzaron a reemplazar la carne vacuna por pollo o cerdo, alternativas más económicas para sostener el consumo de proteínas.
Desde el sector advierten que la presión sobre los precios podría continuar durante los próximos meses si se mantiene la combinación entre menor oferta ganadera, exportaciones activas y una demanda interna debilitada por la pérdida del poder adquisitivo.
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