Un estudio reciente sobre la sociedad argentina muestra que, aunque los hogares más postergados experimentan un pequeño alivio, las diferencias entre los ingresos más altos y el resto de la población se profundizan.
Entre enero y octubre de 2025, la proporción de familias en situación de pobreza disminuyó del 26% al 24%, mientras que los hogares identificados como “clase baja superior, no pobre” crecieron del 24% al 28%. Sin embargo, esta mejora no alcanza a equilibrar la desigualdad en los hábitos de consumo.
Los datos muestran que la clase alta, que representa alrededor del 5% de la población, necesita ingresos promedio de $12 millones mensuales y mantiene un consumo asociado al lujo: autos premium, turismo internacional y servicios exclusivos, con incrementos de más del 50% en algunos rubros.
La clase media alta, en tanto, busca sostener su estilo de vida pese a los ajustes, mientras que la clase media baja y la base social enfrentan la llamada “cultura del no”, marcada por la imposibilidad de cubrir necesidades básicas sin hacer sacrificios. Este deterioro del poder adquisitivo se refleja en el consumo masivo, con una caída del 5,1% en las ventas de supermercados en comparación con el año pasado.
El contraste entre los niveles de ingreso y patrones de gasto evidencia que, a pesar de leves mejoras en los sectores vulnerables, la brecha social continúa ampliándose, delineando una sociedad cada vez más polarizada.