La reciente reconfiguración legislativa dejó a la Cámara de Diputados con un equilibrio de fuerzas inédito y un Congreso prácticamente partido en dos. El espacio que responde al presidente Javier Milei consolidó la primera minoría con un total de 95 legisladores, ubicándose apenas por encima del peronismo, que reunió 93 bancas tras las últimas modificaciones internas.
Esta distribución crea un escenario político altamente competitivo, donde ninguna fuerza cuenta por sí sola con el número suficiente para imponer su agenda. En este contexto, los bloques intermedios pasan a ocupar un rol decisivo: cada votación dependerá de sus definiciones, ya que serán ellos quienes inclinen la balanza a favor o en contra de los proyectos que avance el Ejecutivo.
El oficialismo apuesta a que esta correlación de fuerzas le permita negociar caso por caso, especialmente en torno a las reformas estructurales que prepara el Gobierno. Mientras tanto, el peronismo busca fortalecer su cohesión interna para evitar nuevas fugas y sostener una oposición que pueda bloquear las iniciativas con las que no acuerde.
Con un Parlamento dividido y una agenda cargada de propuestas sensibles, el funcionamiento de la Cámara de Diputados promete convertirse en uno de los principales focos políticos en los próximos meses.