El histórico vínculo de los argentinos con el asado atraviesa uno de sus momentos más delicados. El consumo de carne vacuna descendió a 44,5 kilos anuales por habitante, marcando el registro más bajo de las últimas dos décadas en medio de un escenario económico complejo.
La caída responde principalmente al deterioro del poder adquisitivo, el incremento constante de la inflación y el fuerte aumento en los precios de los alimentos. Actualmente, el kilo promedio de carne vacuna ronda los 18.500 pesos, un valor que se volvió difícil de sostener para muchas familias.
A la vez, la producción también mostró una retracción del 9,1% interanual durante los primeros meses del año, lo que redujo la oferta disponible en el mercado interno. Gran parte de la producción frigorífica continúa orientándose a la exportación, generando menos disponibilidad en carnicerías y supermercados.
Ante este panorama, los consumidores comenzaron a reemplazar la carne vacuna por alternativas más económicas. El pollo pasó a convertirse en la proteína animal más consumida del país, superando los 49 kilos por persona al año, mientras que la carne de cerdo sigue creciendo como opción accesible debido a su menor costo.
Desde el sector comercial advierten que las ventas permanecen bajas y que muchos carniceros deben reducir al mínimo sus márgenes de ganancia para conservar clientes. En los barrios, la prioridad ya no pasa por mantener las costumbres tradicionales, sino por encontrar productos que permitan aliviar el impacto en el bolsillo.