La provincia de Salta vuelve a quedar marcada por un caso estremecedor: dos hermanas asesinadas por sus parejas con nueve años de diferencia. La última víctima fue Natalia Cruz, quien fue estrangulada por su expareja, Orlando Serapio, en la localidad de Campo Quijano.
El acusado escapó el 17 de febrero, vestido con remera, pantalón corto y chinelas, y permaneció prófugo durante 11 días. Finalmente, fue hallado escondido en una cueva en la zona de la Quebrada del Toro, conocida como la “Casa del Diablo”.
Un pedido contundente: prisión perpetua
Tras la detención, la madre de la víctima, Irene Martínez, expresó su dolor y exigió la pena máxima: “Que duerma en las piedras como un asesino”, reclamó ante la prensa local.
La familia revive así una tragedia que comenzó en diciembre de 2017, cuando otra de sus hijas, Amira, de 17 años, fue asesinada a golpes por su novio, Edgardo Córdova, en el baño de unas canchas del barrio San Jorge. Aquella causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio.
“Nunca nos recompusimos”, expresó Azucena Colque, hermana de las víctimas, quien aseguró que el crimen de Natalia fue “todo premeditado”.
Violencia, hostigamiento y una perimetral
Según el relato familiar, Natalia se había separado de Serapio en noviembre pasado y había iniciado una nueva etapa personal. Sin embargo, el hombre la hostigaba constantemente y tenía una restricción perimetral por acoso.
El día del crimen, fue hallada por sus propios familiares con un cable alrededor del cuello, al costado de su cama. Aunque fue trasladada de urgencia al Hospital Francisco Herrera, murió antes de llegar.
Tras cometer el femicidio, Serapio confesó el hecho a su exsuegra y huyó.
La captura en la “Casa del Diablo”
El operativo de búsqueda involucró a más de 60 efectivos de la División General de Investigaciones del Valle de Lerma, con apoyo de canes especializados y drones térmicos de la Policía Federal. El acusado fue localizado en una cueva cercana a la Estación Diego de Almagro, en plena precordillera salteña, a unos 70 kilómetros de la capital provincial.
Según trascendió, estaba deshidratado y físicamente deteriorado, aunque tenía consigo un bidón de agua y una conservadora con alimentos, lo que abre sospechas sobre posibles colaboradores.
La imputación
La fiscal penal de la Unidad de Femicidios, María Luján Sodero Calvet, imputó a Serapio por homicidio calificado por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género (femicidio), además de desobediencia judicial en tres hechos, en concurso real.
Durante la audiencia fue asistido por una defensora particular y se negó a declarar. Permanecerá detenido mientras avanza la investigación.
La familia, atravesada por dos femicidios en menos de una década, insiste en que el caso no quede impune y reclama justicia para Natalia y Amira.