Una historia de esfuerzo extremo y resiliencia atraviesa a una familia del paraje Sol de Mayo, en el corazón del Impenetrable chaqueño, donde una mujer sostiene prácticamente sola a todo su hogar, compuesto por personas con severos problemas de salud.
Se trata de Susana Paz, quien desde hace meses se convirtió en el principal sostén de su familia luego de que su esposo, Felipe Serrano, sufriera la amputación de ambas piernas a raíz de complicaciones circulatorias. Desde entonces, la rutina del hogar cambió por completo y la responsabilidad recayó casi en su totalidad sobre ella.
Además de asistir a su marido en cada actividad cotidiana, Susana también cuida a sus dos cuñados: Francisco Serrano, de 65 años, quien padece epilepsia, y Walter Serrano, de 62, afectado por un avanzado Mal de Chagas que limita seriamente su movilidad. A esto se suma la crianza de su hijo menor, mientras su hija adolescente estudia en la ciudad de Resistencia.
El día a día está marcado por el esfuerzo físico constante. Desde trasladar a su esposo en una silla de ruedas por terrenos irregulares hasta garantizar la alimentación, higiene y medicación de toda la familia, Susana enfrenta una carga que describe como “vivir para los demás”.
Antes de la enfermedad, Felipe era quien encabezaba las tareas del hogar y del campo, saliendo a cazar o trabajar para sostener a su familia. Hoy, tras varios meses de internación y múltiples intervenciones médicas, su realidad es completamente distinta. “Sueño con volver a caminar”, expresó, mientras aguarda la posibilidad de acceder a una prótesis que le permita recuperar cierta independencia.
La situación económica es crítica. La familia subsiste con pensiones mínimas y ayuda ocasional de organizaciones, mientras los gastos en medicamentos, alimentos y elementos básicos como pañales o insumos de higiene resultan cada vez más difíciles de cubrir.
A pesar de las adversidades, Susana continúa adelante, incluso saliendo a cazar para garantizar el alimento diario. Sin embargo, asegura que lo más urgente es contar con una mejor silla de ruedas, camas adecuadas y asistencia médica constante.
El caso refleja la dura realidad de muchas familias del interior profundo, donde la falta de recursos y acompañamiento estatal agrava situaciones ya de por sí complejas, dejando a personas como Susana en una lucha diaria marcada por el sacrificio y la esperanza.