Se cumplen 16 años de la muerte de Roberto Sánchez Ocampo, conocido artísticamente como Sandro, uno de los íconos más trasc demuestra de la música popular argentina. El artista falleció el lunes 4 de enero de 2010, a las 20.40, a los 64 años, en el Hospital Italiano de Mendoza, ciudad que fue testigo de sus últimas horas y del impacto inmediato de la noticia.
La confirmación de su fallecimiento provocó un homenaje espontáneo y profundamente emotivo: numerosos comercios del centro mendocino, ya cerca del horario de cierre, comenzaron a reproducir su música a todo volumen. Fue una despedida popular, íntima y sentida, que reflejó el lugar que Sandro ocupaba en el corazón de su público.
Nacido como Roberto Sánchez Ocampo, adoptó el nombre artístico Sandro luego de que sus padres intentaran inscribirlo con ese nombre y el Registro Civil no lo permitiera. Más tarde, el propio artista se consagraría como “Sandro de América”, un apodo que acompañó una carrera destinada a trascender fronteras.
Sin embargo, detrás del mito convivía una lucha silenciosa con su mayor adicción: el tabaco. Diagnosticado con enfisema pulmonar en 1997, atravesó años de internaciones, tratamientos intensivos y dependencia de oxígeno. Su estado de salud se agravó definitivamente en noviembre de 2009, cuando fue sometido a un trasplante pulmonar en el Hospital Italiano de Mendoza.
La intervención generó expectativas alentadoras. Durante semanas, los partes médicos hablaron de una recuperación sorprendente. El corazón y el pulmón que lo mantenían con vida pertenecían a un joven italiano de 22 años. Pero con el correr de los días, su cuadro volvió a complicarse: una infección por Acinetobacter baumannii y un posterior rechazo pulmonar terminaron por sellar el desenlace.
Finalmente, un shock séptico provocado por una falla multiorgánica puso fin a la vida del Gitano. A 16 años de su partida, Sandro permanece intacto en la memoria colectiva, como una de las figuras más influyentes, queridas y perdurables de la música argentina.