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El País El relato ciudadano de Adolfo ???Tito??? Auat, docente y escritor

???Bajo el signo de la Patria??? y un emotivo recuerdo

La historia tiene como protagonista a un santiagueño y está basada principalmente en la campaña del general Belgrano en el norte del país.

Profundamente asombrado y con no menos emoción, vi por un canal de TV nacional la película “Bajo el signo de la Patria”, dentro de un ciclo de filmes históricos, producida hace casi 50 años en Salta. Está basada principalmente en la campaña del general Belgrano en el Norte del país.

 

Hasta ahí sólo sería un hecho rutinario dentro de la alicaída programación televisiva de nuestro país, sino fuera que por esas indescifrables jugarretas del destino, me tocara junto a otros conscriptos tomar participación del emprendimiento cinematográfico.

 

Cómo fue la historia

El año 1970 ya tenía un nuevo campeón mundial de fútbol que no era otro que Brasil con el mejor jugador de todos los tiempos, el genial “Pelé”. Asimismo, Carlos Monzón inscribía su nombre entre los mejores welter de la historia del boxeo y, nosotros, “miliquitos”, formando parte del listado de la primera baja en el Destacamento de Exploración de Caballería de Montaña 5. Ya habíamos entregado todas las pertenencias del Estado y nos “pavoneábamos” con la ropa civil, varios días antes del 9 de octubre, fijada para el acto de despedida del cuartel.

 

Recuerdo que era un día soleado y fresco, típico del paisaje salto-jujeño. Temprano las “bajas” hicimos la última ingesta del amargo matecocido, esta vez con unas tortillas. Todo era bromas, risas y no menos que gestos adustos de los camaradas que debían quedar hasta le segunda tanda.

 

Serían ya como las nueve de la mañana cuando el odioso sargento Romero llamó: “¡Atencióooonnn! y la respuesta de los “civiles” fue inmediata. A formar de inmediato para la lectura de un comunicado de la “mayoría” ¡Se suspendía la baja porque llegó una compañía cinematográfica de Buenos Aires, por la filmación de una película basada en la incursión del general Belgrano por el Norte”. Miradas incrédulas, por qué no “malas palabras” de enojo y al final, la resignación.

Los acontecimientos posteriores

 

El Destacamento de Exploración, a partir de ese momento, se transformó en una unidad de apoyo logístico para el rodaje. Camiones cargados con uniformes de época, borceguíes de todo modelo, armas de madera y algunas sólo para “fogueo”, es decir un descomunal preparativo.

 

Llegó el momento para la elección de los “extras”. Hoy se le dice “casting”. El director Mujica y sus ayudantes discernían sobre las fisonomías de cada “futuro actor de reparto superficial”. Cuando se aproximó a mí, le dijo al cámara Aníbal Paz, que le colaboraba en la faena: “¡Este milico irá bien como portaestandarte español y para los relatos fuera de cámara”. Me pidió el nombre y apellido.

 

Finalmente, llegó el momento de los primeros rodajes. Fueron a unos 5 kilómetros del cuartel, en plena serranía. Llegamos esa mañana en un camión Unimog y al bajarnos, la primera sorpresa, ya que no sabíamos quiénes participarían del filme. Sentados alrededor de una mesa de campo estaban, nada menos, que Ignacio Quiroz, Héctor Pellegrini, Enrique Liporace, Leonor Benedetto, Aldo Mayo, Ricardo Passano y algunos actores salteños. Obviamente, yo los conocía a los porteños porque me agradaba ver cine y demás culebrones de la televisión, cuando tenía tiempo, digo. Los saludamos, obteniendo la mejor respuesta sin soberbia alguna, de Pellegrini.

 

Las escenas del producto

 

Y comenzamos a participar de las cortadas escenas de la película, con los atuendos y movimientos asignados. Es que el director era demasiado “rasquincho” y volvía una y otra vez las escenas hasta que le satisfacían. ¡Cuántas carcajadas sobrevenían cuando alguno de los “extras” nos mandábamos algún “moco” que era festejado! Para las participaciones de Leonor Benedetto, había que ir a buscarla en un colectivo del Ejército desde un céntrico hotel salteño. Y cuidadosamente descender las escalerillas, tomada de la mano de los ayudantes —yo era uno de ellos— para resguardar los típicos atuendos.

 

Dónde había que tener cuidados suficientes eran los episodios de las batallas porque “si no nos tirábamos muertos” antes, los caballos nos podían llevar puestos”. Hubieron muchos heridos, contusos y demás. Y bueno, decíamos, “gajes del oficio”.

Transcurrió ese mes. Terminamos con “el contrato” (provisión de una pequeña gaseosa y sándwich de mortadela como retribución) y sólo nos dejó algunas fotografías de recuerdo. Finalmente, fuimos liberados del compromiso. Llegó ese 9 de noviembre y estaba lista, ahora sí, la ansiada baja de la conscripción.

 

 

Nunca supimos sobre la película sino hasta el año siguiente, 1971, cuando la cartelera del entonces cine Splendid, de calle Avellaneda anunciaba la proyección de “Bajo el signo de la Patria”.

 

Entrevisté al entonces director de Cultura, Dr. Roberto Castro, para que nos subvencione un viaje con mis alumnos de la Escuela Nº 71 para asistir al estreno. La satisfacción de los niños y la mía propia fue inenarrable.

No puedo negar que gruesos lagrimones surcaron mi rostro cuando se anunció la proyección televisiva, la que con parte de mi familia pude presenciar.

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