Dos violentos ataques de tiburón ocurridos con apenas 24 horas de diferencia en el noreste de Brasil generaron conmoción y reavivaron la preocupación por la seguridad en las playas de la región de Recife, donde estos incidentes se registran desde hace décadas.
La última víctima fue una joven de 19 años identificada como Marcela Vitoria de Lima Santos, quien fue atacada el lunes mientras nadaba en la playa de Boa Viagem. Según relataron sus familiares, el tiburón la mordió de manera repentina y le provocó heridas gravísimas en una de sus piernas.
Su primo logró rescatarla del agua y trasladarla hasta la orilla, donde recibió asistencia de un médico que se encontraba de vacaciones en la zona y le aplicó un torniquete para contener la hemorragia hasta la llegada de los servicios de emergencia.
La joven fue trasladada de urgencia al Hospital da Restauração de Recife, donde debió ser sometida a una cirugía de emergencia. Los médicos confirmaron posteriormente la amputación de una de sus piernas debido a la gravedad de las lesiones y la importante pérdida de sangre sufrida durante el ataque.
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El caso ocurrió apenas un día después de otro dramático episodio registrado en la playa de Piedade, ubicada a pocos kilómetros del lugar. Allí, un niño de 11 años fue atacado por un tiburón mientras disfrutaba de una jornada junto a familiares.
El menor sufrió severas heridas en distintas partes del cuerpo y también perdió una pierna como consecuencia del ataque. Tras ser rescatado por su tío, fue derivado al mismo hospital donde permanece internado en terapia intensiva pediátrica.
Según informaron los profesionales de la salud, ambos pacientes llegaron en estado crítico debido a las importantes hemorragias provocadas por las mordeduras. Sin embargo, continúan recibiendo tratamiento especializado y permanecen bajo estricta observación médica.
Los ataques ocurrieron en una zona costera donde existen advertencias permanentes sobre la presencia de tiburones. En las playas de Boa Viagem, Piedade y Candeias se registran incidentes similares desde hace casi tres décadas, pese a la colocación de carteles de alerta y a las recomendaciones de las autoridades para evitar ingresar al mar en sectores considerados de riesgo.
La seguidilla de ataques volvió a encender el debate sobre las medidas de prevención y seguridad en una de las regiones turísticas más visitadas del nordeste brasileño.
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