Un hecho sin precedentes sacudió el inicio de la Semana Santa en Jerusalén, donde la policía israelí impidió que el cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrara la tradicional misa de Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los sitios más sagrados del cristianismo.
De acuerdo a un comunicado conjunto del Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa, el religioso fue interceptado junto al custodio Francesco Ielpo cuando se dirigían al templo en la Ciudad Vieja. Sin procesión ni acto público, ambos fueron obligados a regresar, lo que impidió la realización de la ceremonia.
El episodio fue calificado como “grave” por las autoridades eclesiásticas, ya que, por primera vez en siglos, los máximos representantes católicos no pudieron oficiar la misa en ese lugar emblemático.
La situación generó una inmediata reacción a nivel internacional. Desde Italia, el canciller Antonio Tajani consideró el hecho “inaceptable” y convocó al embajador israelí para exigir explicaciones. En la misma línea, la primera ministra Giorgia Meloni lo definió como una ofensa que trasciende lo religioso, mientras que Matteo Salvini también expresó su rechazo.
Por su parte, el Patriarcado denunció que la medida fue “irrazonable y desproporcionada”, al entender que vulnera principios fundamentales como la libertad de culto y el respeto al statu quo en los sitios sagrados.
El papa León XIV también se refirió a lo ocurrido durante su misa en el Vaticano, donde pidió por la paz en Medio Oriente y advirtió que los conflictos impiden a muchos fieles vivir plenamente las celebraciones religiosas.