Una rutina cotidiana terminó en una grave complicación de salud para Grace Jamieson, una joven de 20 años que perdió la visión en uno de sus ojos luego de ducharse sin quitarse los lentes de contacto durante un viaje a República Dominicana.
Según relató en redes sociales, lo que parecía un hábito inofensivo permitió el ingreso de un microorganismo conocido como Acanthamoeba, presente en distintas fuentes de agua como grifos, piscinas o lagos. Este parásito quedó atrapado entre la lente y la córnea, provocando una infección severa llamada queratitis por Acanthamoeba.
El cuadro comenzó con síntomas que no encendieron alarmas inmediatas: fuertes dolores de cabeza, molestias punzantes en el ojo y dificultades progresivas para ver. Incluso sufrió episodios de pérdida temporal de la visión. En un primer momento, el diagnóstico médico fue erróneo, lo que retrasó el tratamiento adecuado y permitió que la infección avanzara.
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Actualmente, la joven atraviesa un proceso de recuperación complejo y prolongado. Debe aplicarse gotas cada 30 minutos, incluso durante la noche, con medicamentos de alta potencia diseñados para eliminar el parásito. Además, recibe tratamiento con esteroides para reducir la inflamación, en un proceso que podría extenderse entre seis meses y un año.A través de su testimonio, busca generar conciencia sobre los cuidados básicos en el uso de lentes de contacto. Entre sus recomendaciones, destaca evitar el contacto con agua mientras se utilizan, mantener una correcta higiene de manos y renovar regularmente la solución y el estuche.
El caso generó fuerte impacto en redes sociales y funciona como advertencia sobre los riesgos que pueden esconderse detrás de hábitos cotidianos que muchas veces se subestiman.
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