Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia y Países Bajos acusaron formalmente al gobierno ruso de estar detrás de la muerte del dirigente opositor Alexei Navalni, al sostener que fue víctima de un envenenamiento con una sustancia altamente tóxica.
Según el posicionamiento conjunto difundido por las cancillerías, los análisis realizados sobre muestras vinculadas al caso detectaron la presencia de epibatidina, una potente neurotoxina que, por su peligrosidad, es considerada un agente químico prohibido por la legislación internacional.
Los gobiernos europeos remarcaron que la sustancia no se encuentra de forma natural en territorio ruso y señalaron que, por su nivel de toxicidad y por los síntomas reportados, la hipótesis del envenenamiento resulta la explicación más consistente frente a la versión oficial que hablaba de causas naturales.
En el documento también se recordó que el dirigente opositor ya había sufrido otros episodios de intoxicación en años anteriores, lo que —según las capitales europeas— refuerza la sospecha sobre un patrón de persecución.
Ante este escenario, los cinco países solicitaron que Moscú rinda cuentas por posibles violaciones a los tratados internacionales sobre armas químicas y biológicas. Además, sus representantes ante el organismo encargado de supervisar este tipo de armamento elevaron una comunicación formal para que se investigue el caso y se evalúen responsabilidades.