El 28 de octubre de 2015, la joven neerlandesa Sophia Koetsier, de 21 años, desapareció mientras participaba de un safari en Uganda, en una zona cercana al río Nilo.
Tras dos días de intensa búsqueda, los equipos de rescate encontraron una escena que generó desconcierto. En el lugar estaban sus zapatos, limpios y cuidadosamente acomodados, así como su bolso, que permanecía sin señales de haber sido forzado. Sin embargo, otras prendas presentaban detalles inquietantes: sus pantalones habían sido cortados en tiras prolijas y su ropa interior apareció colgada de la rama de un árbol a varios metros del suelo. El cuerpo de la joven no fue hallado en la zona.
En un primer momento, las autoridades locales señalaron la posibilidad de un ataque de un animal salvaje, hipótesis basada en la fauna presente en el área. No obstante, la familia de la estudiante contrató peritos independientes que detectaron perfiles de ADN no identificados en las prendas recuperadas.
Este hallazgo abrió nuevas líneas de investigación y dio lugar a la sospecha de una posible intervención humana, lo que profundizó el misterio en torno a su desaparición. A más de una década del hecho, el caso continúa generando preguntas sin respuesta clara.