Matías Conde, editor de datos de Opta, planteó que es necesario “desmitificar” la idea de que más minutos de pelota en juego implican mejor calidad futbolística. “Los encuentros con mucho tiempo efectivo suelen ser los de menor cantidad de goles”, señaló, al marcar que la dinámica del juego no depende solo de la continuidad sino también del ritmo y la intensidad.
El analista también cuestionó la propuesta de detener el reloj en cada interrupción, al considerar que “desvirtuaría la esencia del fútbol”, especialmente en duelos de alta tensión. “En los clásicos del Interior, como Central–Newell’s o Belgrano–Talleres, el tiempo efectivo es muy corto: 35 o 40 minutos”, explicó.
Uno de los puntos más llamativos es la diferencia en la duración de las jugadas según el resultado. Un simple lateral puede tomar 20 segundos cuando el equipo va perdiendo, pero casi 40 cuando está en ventaja. Para Conde, la clave está en “reducir los tiempos de reposición” y trabajar sobre las demoras deliberadas, un patrón que se repite en la mayoría de los equipos del campeonato.